HARRY POTTER SE DESPERTÓ GAY

por Elenis
amazalia@hotmail.com

 

z Clasificación: Fanfic / Humor / Parodia

z Fandom: Harry Potter.

z Disclaimer: J. K. Rowling creó a los personajes y ahora gana kilo tras kilo gracias a ellos. Yo sólo los uso un ratito y no gano un miserable kilo, ni siquera diez mil pesetas, que tan bien me vendrían.

z Advertencias: Éste es un fanfic sobre Harry Potter, unos libros para chiquillos, que NO deben leer los chiquillos. ¿Se entiende? ¿No...? Explico. En el fic hay referencias sexuales diversas ("continuas" según algunos), palabrotas, besos y sobamientos, y slash -slashslashslashslash-, o sea, relaciones homosexuales, a tutiplén. Ésta es la historia más slash que he escrito, por exigencias del argumento. Como siempre digo, si no os mola el tema, puerta.

z Notitas sobre la historia: Después de leerme bastantes fics slash de Harry Potter, decidí que yo también podía probar a escribir uno; después de todo, mi hermana me vició con esos libros. Pero ¿a quién slasheaba? Como el subtexto en el harryverso es muuuuuuy relajado, casi cualquier personaje resultaba apropiado. Entonces lo decidí: no uno, ni dos... ¡todos! ;)
La idea de la historia vino gracias a una página que se llama Wake Up Gay. Contiene fanfics, en inglés, en los que un personaje determinado se levanta gay. Uno de los requisitos era que la historia fuese en clave de humor. Me atraía el asunto, así que me apliqué las reglas y salió la trama de Harry Potter se despertó gay (woke up gay).
La edad de los personajes vuelve a permanecer en una oscura y tenebrosa ambigüedad, para que no me persigan los del Instituto para la Protección del Menor; pero vamos, tienen algún que otro año más que en El Cáliz de Fuego. Probablemente los fans de Harry, de Harry en sí, encontrarán que me he ensañado bastante con él. Qué queréis que haga, el héroe es el único al que no aguanto.


 

Parte 1 - Parte 2 - Parte 3 (final)

 

PARTE 1

 

Amanecía en Hogwarts un cálido día de verano. En particular, el día que acababan las clases. Aquella tarde, todos los alumnos harían las maletas para marcharse a la mañana siguiente a sus respectivas casas. La noche anterior había reinado un clima de juerga y distensión muy típico de los días previos a las vacaciones, y todo hacía pensar que dicho ambiente no iba a cambiar el último día en el colegio; se gastarían bromas, habría llorosas despedidas y grajeas de todos los sabores, quizá alguna confesión de amor.

Sin embargo, ese día..., ese día había algo extraño, Harry Potter pensó. Se incorporó en la cama, soñoliento, y trató de averiguar qué era lo que le hacía distinto al día anterior. Pronto lo descubrió: era gay. Se relajó al comprobar que, por tanto, su estado eufórico no tenía nada que ver con tener que encontrarse con los Dursley en menos de treinta horas. Pero aun así, se preocupó un poco, porque desconocía los recovecos de su nueva sexualidad. Estuvo cavilando unos minutos, hasta que finalmente resolvió que ser gay era maravilloso, moderno y sensual, y por tanto lo único que casaba con un héroe como él, tan valiente y atrevido. Sería toda una aventura -mejor que las chorradas que solía vivir- descubrir las excelencias de ser homosexual. Así que Harry se levantó con una sonrisa en la boca.

Era temprano, y Seamus Finnigan, Dean Thomas y Neville Longbottom todavía dormían. La cama de Ron, por contra, estaba vacía, con las cortinas descorridas. Harry se encaminó al pequeño aseo contiguo a la habitación para lavarse y ponerse la capa (bañarse era algo que sólo hacían los prefectos, o sea, la gentuza no digna de su alcurnia), pero nada más abrió la puerta, encontró allí a su amigo. Ron tenía la cabeza metida en el water y emitía un sonido gutural de arcadas que a Harry le puso los pelos de punta.

-¿Qué haces, Ron? -preguntó en voz baja.

Ron se volvió y le miró como si fuera el mismo Voldemort. Estaba muy pálido; el labio inferior le temblaba. Harry reparó en que tenía abierta la camisa del pijama, y pensó en lo sexy que podía resultar un Weasley recién levantado, con el rojo cabello revuelto. Pero antes de que pudiera decir nada, Ron le espetó:

-Anochecenémuchísimomeencuentrofatal -sorbió, se levantó y caminó hacia Harry-. NomemolestesahoravoyarevisarmisapuntesdeHistoria.

Pasó hacia su lado sin rozarle un centímetro. Harry se quedó sorprendido, no sólo por el hecho de que Ron se mostrara tan seco con él (él, tan bueno, tan valiente y tan listo, a quien sus mejores amigos debían amor y obediencia), sino porque Ron no se había puesto a revisar apuntes desde que le conoció, y de eso ya hacía muchísimo tiempo. Se encogió de hombros y pensó que era su problema.

Se lavó y vistió, y por primera vez en su vida consideró la posibilidad de tejer unos puños bordados a los extremos de las mangas de su capa. Después salió del baño atusándose el pelo -el pelo moreno alborotado era lo más sexy para un gay que se preciara-, y comprobó que Ron estaba llevando a la práctica lo que había dicho. Neville estaba alimentando a Trevor, Dean no se encontraba en su cama, y de la de Seamus salían una serie de ruidos obscenos que llamaron a Harry la atención. No obstante, como no era curioso, tomó su mochila y se marchó de allí cerrando delicadamente la puerta.

Fue en busca de aquella persona a quien sólo hacía caso cuando Ron le ignoraba deliberadamente, o cuando quería pasar el rato, o cuando necesitaba aprobar un examen: Hermione Granger. Consciente de que era probable que aún estuviese en el dormitorio de las chicas, decidió esperarla en la sala común. Ésta se encontraba casi vacía, con excepción de un par de figuras que se daban el lote apasionadamente sobre un sofá. Al acercarse más, comprobó que se trataba de Lavender Brown y Parvati Patil..., no, Parvati no. ¡Padma! Carraspeó y se dirigió a ellas:

-Lavender -dijo con voz acusadora-. Padma no puede entrar aquí. Ella es de Ravenclaw.

Lavender gruñó y le miró con un ojo, mientras el otro seguía recorriendo el cuerpo de Padma de forma lasciva.

-Ya sé que es de Ravenclaw, Harry -logró decir entre los besos-. Pero ¿qué más da? Tú has infringido bastante más reglas que yo.

Padma no dijo nada. Se limitó a tratar de levantar el faldón de la capa de Lavender mediante un hechizo; Lavender rió y la detuvo. Harry intentó recordar si existía algún héroe que, además, fuese chivato. No encontró ninguno, así que pensó que ser chivato no era una característica típica de los héroes, y decidió dejarlas en paz. Preguntó:

-¿Habéis visto a Hermione?

-Sí -respondió de nuevo Lavender a duras penas-. Me dijo que se iba... mmmmm, Padma... cuando nos levantamos, ella me dijo que iba... a la biblioteca.

-Vale, gracias -dijo Harry, y se encaminó hacia allá.

No le costó trabajo encontrar a Hermione. Era la única que podía estar allí a esas horas. Harry observó cómo hojeaba ejemplar tras ejemplar, casi enterrada bajo una pila de libros tres veces más grande que ella misma. Parecía concentrada al cien por cien en su trabajo, y eso que acababan de pasar los exámenes finales.

-¿Qué haces? -dijo.

-¡Oh... Harry! -respondió ella-. Nada, sólo intentaba documentarme un poco.

Harry paseó la mano por el dorso de un libro.

-¿De qué va tu investigación esta vez? ¿Los derechos de las veelas en su consideración de mujeres objeto?

-No -contestó Hermione-. Verás, Harry, de pronto siento un interés desmesurado hacia ciertos temas que... bueno, nunca antes había sentido. -Harry levantó el libro. Se llamaba Homo. Cogió uno aún más gordo, que resultó ser Comportamiento sexual de la mujer por Alfred Kinsey. -Estoy fascinada por todo lo relacionado con la homosexualidad. -Harry asintió, algo absorto, mientras hojeaba un volumen titulado Manual de sexo lésbico II.- En particular por el lesbianismo -aseguró Hermione, que se mordía el labio. Harry dirigió una mirada ávida a la enciclopedia Mil años de magia gay y clavó la vista en sus ojos.

-¿Y a qué se debe ese súbito interés? -preguntó suavemente.

-Bueno -Hermione parecía nerviosa-. Soy lesbiana, Harry.

-¡Vaya!, ya somos dos.

-¿Eres lesbiano?

-No, soy gay.

-¡Ah!

Hermione se puso contenta.

-¡Qué bien! -dijo-. Ya creía ser la única. He pasado aquí más de una hora, leyendo como loca. Creo que debo prepararme para todas las posibilidades que me ofrezca mi opción sexual. Como sabes, opino que el estudio sirve de mucho en la vida. ¿Tú has buscado información sobre el asunto?

-No, ni pienso hacerlo -"la sinceridad, aunque dolorosa, es digna de los héroes", pensó Harry -. Prefiero vivir, Hermione, no encerrarme en la biblioteca. -automáticamente se felicitó a sí mismo, la frase era realmente preciosa.

Ella meneó la cabeza de un lado a otro.

-Así nunca llegarás a nada. ¿Cómo que Ron no está contigo? ¿Os habéis peleado?

-No, se ha quedado en el dormitorio. Por cierto, ¿cómo vas a decírselo?

Hermione se quedó callada. Por lo visto, había olvidado completamente que estaba saliendo con Ron. Harry no estaba seguro de que una lesbiana no pudiera salir con chicos, pero no le parecía que la cosa quedara bien en cualquier caso. Por otra parte, Ron no era la típica persona que se tomara esos asuntos a la ligera... Hermione, pensó, iba a tener la cosa un tanto cruda. Por supuesto, él apoyaría a Ron si se enfadaba con ella. Después de todo, era el único que le importaba. Y estaba bueno.

-No lo sé -confesó Hermione-. Algo se me ocurrirá, espero.

-Más te vale -corroboró Harry-. ¿Vamos a desayunar? Ya va siendo hora.

Ambos bajaron al Gran Comedor. Cogidos del brazo, porque una vez visto lo visto, no les importaba extender un poco sus confianzas sin que Harry pensase que Hermione tenía un interés desmedido en él. Una vez allí, se quedaron un tanto sorprendidos al ver la decoración del lugar: cielo lluvioso (¿en junio?), candelabros rosas y arco iris. Muchos arco iris, dispuestos por toda la enorme sala, de la misma forma que hacía unos días se había forrado el comedor con los colores de Slytherin. Sí, Slytherin había ganado la Copa de las Casas... Era toda una vergüenza para Gryffindor, pero tanto Ron como Hermione le habían dicho a Harry que estaban hartos de pertenecer a la Casa de los Guays, así que el sentimiento "godriquista" de ambos no había sufrido demasiado con la victoria de los de Slytherin. A Harry, para ser sinceros, le daba igual si Gryffindor ganaba o no, mientras él siguiera pasando por el héroe humilde y puro que era.

-¿Qué es esto? -preguntó Hermione, y repitió la pregunta cuando vio pasar a Alicia Spinnet y Angelina Johnson. Pero ellas no le hicieron ningún caso. Iban de la mano, riéndose por lo bajo y con caras de haber subido al cielo, y se sentaron a la mesa muy juntas.

Harry entornó los ojos. Lo cierto era que el comedor presentaba un aspecto ligeramente diferente que otras veces. No era sólo por los estridentes arco iris, o porque los de Slytherin pareciesen haberse integrado en una dinámica más global, en vez de formar su habitual círculo cerrado; los alumnos que iban llegando parecían... alegres. Exceptuando unos cuantos que miraban a izquierda y derecha con estupor, la gente mostraba sonrisas de oreja a oreja y hablaba sin parar. Hablaba y besaba, como constató Harry. Por ejemplo, Justin Finch-Fletchley estaba muy ocupado comiéndole la boca a otro chico de Hufflepuff, Ernie, quien sentado en su regazo le hacía señas de triunfo a un amigo. Colin Creevey intentaba alcanzar la misma dinámica con un jovencito de su curso. Incluso Millicent Bulstrode parecía perseguir el mismo objetivo tonteando ostensiblemente con Pansy Parkinson, que sin embargo permanecía agarrada a la cintura de una de sus compañeras de Slytherin ("las chicas tontas", como las llamaba Ron, o "las niñas pijas" según Hermione).

Vio a Cho Chang en la mesa de Ravenclaw, y le invadió un profundo sentimiento de alivio al comprobar que ya no se quería morir cuando los brillantes ojos negros de la chica escudriñaban en su dirección. Por fin se había librado de esos instintos suicidas que tan mal le quedaban a un héroe satisfecho de sí mismo. Sin embargo, aún sentía una profunda admiración por el encanto de Cho, y se sorprendió un poco cuando comprobó que lo estaba luciendo exclusivamente para... una chica de largo cabello rubio y atractivo indiscutible, que se hallaba sentada a su lado.

-Oye -dio un codazo a Hermione, turbado-. ¿A ti te habían dicho que iba a venir Fleur Delacour?

-¿Fleur Delacour? -repitió Hermione-. ¿A qué te refieres? Si es una broma...

Pero Harry señaló hacia la mesa, y a su amiga no le quedó más remedio que creerle. Se quedó con el ceño fruncido y la boca abierta de par en par, viendo cómo la cañón de Hogwarts se enrollaba con la cañón de Beauxbatons. Ambas estaban vestidas con capas oscuras, y Fleur lucía una llamativa pulsera. Abría y cerraba su boca roja sobre los labios cetrinos de Cho. Era un espectáculo interesante, Harry pensó, pero Hermione -pese a su nuevo lesbianismo- parecía algo enfadada.

-Pues no sé que ve en ella -dijo al fin-. Vamos, una chica como Cho, que podría tener a quien quisiera con sólo proponérselo...

-¿Te siguen sin hacer efecto las veelas?

-Ella no -gruñó Hermione-. Déjalo, Harry, vamos a sentarnos.

Tomaron asiento al lado de otra parejita y automáticamente aparecieron los manjares en la mesa. Todo el desayuno consistía en frutas selectas y bollos dulzones, que Harry acabó encontrando demasiado empalagosos. Habría dado lo que fuera por una buena tostada. Sin embargo, cuando recordó que era gay, se esforzó por acabarse toda la comida del plato y se limpió la boca con muy buenos modales. A su lado, Hermione no encontraba pegas; devoraba los bollos con avidez.

En el momento en que Harry dejaba sus cubiertos formando una perfecta X, vio a Ron que se acercaba a ellos con pasos apresurados. Tenía muy mala cara; Harry se preguntó qué le pasaría.

-Hola -saludó Ron, y se inclinó para estrellar un rudo beso en los labios de Hermione-. No sabía que era tan tarde. Me muero de hambre.

Hermione se limpió la boca, y Harry imaginó que no era sólo por las migas.

-No queda mucho, pero ven, siéntate -dijo con amabilidad.

-¿Qué tal Historia? -preguntó Harry. Ron hizo un gesto vago mientras elegía una silla. La capa que llevaba no estaba abotonada del todo, de modo que un trozo de carne asomaba por el escote. Ron tenía un pecho blanco y tierno; Harry hizo un esfuerzo por recordar las veces que se habían desnudado juntos. Sí, él era alto y esbelto, pero su cuerpo aún tenía el aspecto de un niño grande. Usaba calcetines de lana. Calzoncillos blancos...

De pronto, Harry fue consciente de que la mecánica estaba funcionando en su cuerpo. Trató de impedirlo, pero era demasiado tarde. Se encogió cuanto pudo, puso un brazo de través sobre su vientre y se regañó a sí mismo, pero se disculpó asegurándose que no estaba acostumbrado a aquellas reacciones. Ron le miró; él se puso algo colorado. Fue a decir algo, pero entonces Dumbledore se levantó de la mesa de profesores y alzó una mano pidiendo silencio.

-¡Hogwarts! -comenzó, una vez los alumnos se hubieron medio callado-. Hoy es vuestro último día de curso. Mañana volveréis a vuestros hogares, libres ya de la presión de los exámenes, con la seguridad de que sois un poco mayores. Como este año daba la casualidad de que el último día que pasaríais aquí coincidía con una celebración del mundo muggle que personalmente comparto... -Dumbledore sonrió mientras se oía algún abucheo procedente de la mesa de Slytherin-. Los profesores y yo decidimos que podíamos divertirnos un poco. Así que es mi placer informaros de que esta tarde habrá una fiesta, baile incluido.

Sorprendidos, los alumnos intercambiaron murmullos y aplaudieron. Ron, Hermione y Harry también; nadie se esperaba aquello.

-Esta vez no tenéis que traer pareja, aunque por supuesto, podéis hacerlo si es vuestro deseo -continuó Dumbledore-. El o los alumnos que encuentren algo muy preciado que está escondido en los terrenos del colegio, recibirán un premio especial. Sólo os daré una pista: es pequeño y todo el mundo sabe que lo adoro. En la fiesta actuará el grupo Las Nimbus Se Lo Montan Solas... <<Profesora McGonagall, deje a la señora Pomfrey, ya habrá tiempo luego>>, como iba diciendo, actuará ese grupo, y tendremos también una coreografía dirigida por la señorita Delacour. ¿Señorita Delacour?

Cho Chang dio unos golpecitos en el hombro de la medio veela, quien levantó la cabeza y saludó a todo el mundo con una sonrisa fría.

-Fleur Delacour se ha aparecido expresamente en Hogwarts para participar en nuestra fiesta -anunció el venerable mago-. Y ha tenido la amabilidad de preparar un número especialmente para nosotros. En fin, sin otro particular <<¡Minerva, por favor!>>, espero que lo paséis bien.

>> Ah, se me olvidaba comentarlo: hemos convocado un pequeño hechizo inofensivo sobre el colegio... Nada serio... Sólo era para que pudiéseis gozar de la celebración con verdadera ilusión. Espero que todos estéis complacidos, y que podáis atender a las clases de hoy. ¡Tened buen día!

Dumbledore se volvió a sentar. La mayoría de los profesores ya estaba recogiendo sus cosas, aunque McGonagall seguía con la mano sobre los hombros -o un poco más abajo- de la señora Pomfrey. La profesora Trelawney las miró y movió la cabeza. "Esto no va a salir bien, nonono", dijo en un tono perfectamente audible.

-Me pregunto qué hechizo habrán lanzado -dijo Harry, mientras se colocaba al hombro su mochila.

-Podemos investigar -propuso Hermione-. Hagrid debe saber algo...

Ron murmuró algo incomprensible.

-¿Qué? -preguntó Harry.

-He dicho maricas -gruñó Ron-. Maricas. Maricas. ¡Miradlos! Estamos rodeados de maricas.

Harry y Hermione observaron a su alrededor, pero no vieron nada fuera de lo común, o al menos nada que justificara el tono escandalizado de Ron. Quizás era cierto que no se habían esperado aquel ambiente a la hora de levantarse, pero se sentían bastante a gusto en él.

-¿Te refieres a esas dulces, excitantes parejitas de chica-chica? -preguntó Hermione, que se había quedado con la vista fija en Hannah Abbott y Parvati Patil.

-¡Hermione! -se quejó Ron-. Harry, ¿entiendes tú lo que quiero decir? Es asqueroso. Menos mal que sólo es por hoy.

-¿Qué? -dijo Harry, a la vez que desviaba los ojos de Dean y Seamus, que habían bajado tarde y se estaban acabando los restos del desayuno, no sin llevar de cuando en cuando el tenedor a la boca del otro.

-Oh -dijo Ron, y sus ojos brillaban de furia-. Por lo visto, Harry, tú no has visto lo que yo ahí arriba. Dean grita y Seamus gime. Asqueroso. Bien, hasta que no tengáis un poco de sentido común no me vengáis a buscar, quedaos con vuestros amigos maricones y tortilleras -y dicho esto, se cargó la cartera a la espalda y se alejó de ellos, con la cabeza muy tiesa.

-¡Es un homófobo! -dijo Hermione dolida-. Nunca me hubiera esperado esto de él.

-Mmm -comentó Harry, que todavía tenía en la mente el aspecto del trasero de Ron, o lo que había podido ver con esa maldita capa. Si tan sólo se la levantase...

-¿Crees de verdad que el hechizo ha sido ése? ¿Volvernos a todos gays?

-¿De qué hablas, Granger? -dijo detrás de ellos una voz que arrastraba las palabras-. Tu voz suena cada vez peor. Quizá deberías comprarte un esclarificador, aunque supongo que con tus padres muggles, sólo te dará para hacer gárgaras de menta.

Hermione y Harry se volvieron al instante. Draco Malfoy, su mortal enemigo, estaba allí, flanqueado por los enormes Crabbe y Goyle. Draco era un chico delgado, de bello rostro afilado ("muy bello", como constató Harry) y cabello rubio platino. Su túnica, al igual que su peinado, estaba impecable.

-Draco, vete a tomar por culo -dijo Hermione, privada ese día de la censura usual, y Harry estuvo a punto de ofrecerse voluntario.

-Qué fuerte, no digas más que me das miedo, Granger -respondió Draco con desprecio-. Potter, tu amiguita debería contener su lengua, a no ser que quiera conservarla fresca para utilizarla con Fleur Delacour o con cualquiera de las otras. ¿Te gustaría, Granger?

Si Draco esperaba una negativa, se vio seriamente frustrado, porque Hermione se embarulló con las palabras y acabó roja como un tomate.

-Draco -dijo Harry-. ¿No notas hoy un ambiente distinto? ¿No sientes como si algo... cambiase dentro de ti?

Comenzaba a pensar que, después de todo, tenía razón aquel poema que decía que los Slytherins eran los más sexys de todas las casas.

Draco Malfoy levantó una ceja y observó a Harry con recelo. Esbozó una sonrisa.

-¿Qué diablos dices de cambiar, Potter? ¿Y desde cuándo te diriges a mí de esa manera?

-Bueno -dijo Harry, a quien comenzaba a guiarle en línea recta aquello que se estaba volviendo a despertar entre sus piernas-. Hemos sido enemigos mucho tiempo, ¿no? Quiero decir, que tú seas de Slytherin, un jodido elitista mimado hijo de un mortífago, un chuloputas y un creído, y que encima odies a mis dos mejores amigos, no es razón para que tú y yo sigamos distanciados, ¿verdad? Después de todo, somos luz (brillante y pura luz) y oscuridad. Nos complementamos muy bien.

Draco se quedó sorprendido. Después rompió a reír, coreado por Crabbe y Goyle.

-¡Potter, a veces eres tan gracioso! ¿Qué es lo que has pensado de mí? O mejor dicho... ¿de mí y de ti?

Harry no supo qué contestar.

-Lo siento mucho, pero tengo que ir a clase. Retuércete de pasión, pequeño, mientras yo estoy fuera -dijo Draco, y le lanzó un beso a Harry, lo que provocó una nueva oleada de risas en sus amigos. Y en Pansy Parkinson, que como siempre, observaba la escena junto a las Niñas Pijas.

Hermione y Harry fueron a clase en silencio. Harry ardía de rabia.

-Seguro que también tiene el hechizo, y sólo hace eso para disimular -intentó consolarle Hermione.

-¡No! -aulló Harry, que siempre contestaba del mismo modo cuando alguien le hacía arrumacos. Era cosa del orgullo de los héroes-. ¡Y deja ya esa tontería de que me he vuelto gay por un hechizo! Esas cosas sólo pasan en los cuentos.

 

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hizo! Esas cosas sólo pasan en los cuentos.

 

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