HARRY POTTER SE DESPERTÓ GAY
by Elenis ;)
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PARTE 3
De vuelta al castillo, no pronunciaron palabra. Ambos iban chafados por aquel primer intento, y se devanaban los sesos intentando pensar en algún otro sitio donde pudiera estar escondido... "eso". ¿Pero qué era "eso"?
-No tiene sentido buscar si ni siquiera sabemos lo que buscamos -se quejó Ron.
-Tenemos que pensar de forma racional y heroica -dijo Harry-. Vamos a ver, Ron. Si tú fueras Dumbledore, ¿a qué instrumento musical tendrías más cariño?
-Una gaita... Como dicen que Dumbledore es un soplagaitas...
-Mmm. Utilicemos la lógica. ¿En Hogwarts hay alguien que sepa tocar?, la gaita o alguna otra cosa.
-No -dijo Ron-. Claro que...
Se detuvieron. Estaban tan compenetrados, Harry pensó, que incluso tenían telepatía.
-¡Peeves! -dijeron a la vez.
Ambos sabían que el poltergeist sabía tocar. Nick Casi Decapitado había hecho referencia al asunto, contándoles que cuando a Peeves le dio por ser artista itinerante, todo el mundo echó la culpa de los chirridos a los fantasmas, los habituales torturadores de los vivos. Nadie pensaba que aquellos sonidos pudieran venir de un simple poltergeist.
Fueron a buscarle, pero Peeves tenía la maldita manía de aparecer cuando no se le necesitaba y desaparecer justo cuando era requerido. Tanto Ron como Harry estaban convencidos de que Peeves era la clave; pequeño y muy querido por Dumbledore, tanto que el director permitía su estancia en Hogwarts, pese a la oposición de la mayoría del colegio. Finalmente se encontraron con Filch y éste les orientó de mala gana: tercer piso, torreta oriental, me acaba de ensuciar la alfombra de la sala.
Ron y Harry fueron hacia allá. No obstante, cuando todavía no habían llegado, oyeron un sonido HORROROSO que provenía del lugar hacia donde se dirigían. Se pararon en seco y se miraron; o era el verdadero retorno de Lord Voldemort, o la búsqueda de Peeves no parecía tan buena idea de repente. Estaban todavía dudando, cuando la puerta de una sala se abrió y de allí salieron Malfoy, Crabbe y Goyle.
-¡Corred! -aullaba Malfoy, con el rostro desencajado y las manos en los oídos. Sus amigos no parecían necesitar su permiso para ello. Tras ellos iba Peeves, tocando algo que parecía una especie de violín desvencijado. Se reía de forma macabra.
-¿Con que queréis oírme tocar, pequeños? ¿Con que soy el niño bonito de Dumbledore? ¡Ah, siento la sangre de artista correr por mis venas! Aunque esperad un momento, no tengo venas... ¡da igual!, ¡siento la inspiración recorrer todo mi flotante y tenebroso cuerpo de poltergeist!
Draco Malfoy, Ron Weasley, Crabbe, Goyle y Harry Potter no habían corrido tanto en toda su vida. Ni siquiera cuando, en el laberinto, la Copa de los tres magos le llamaba como la miel a las moscas, se dijo Harry a sí mismo. Volaron literalmente por las escaleras y los pasillos, y no se detuvieron hasta que se encontraron en un lugar desierto, detrás de una puerta con rejas entornada. La "música" de Peeves se oía ya muy lejana.
-Vaya -gimió Ron, y se deslizó hasta el suelo.
-Eso ha sido... mortal -Draco se sopló el flequillo rubio y se pasó la mano por la frente.
-¿Pensábais que Peeves era "la cosa"? -preguntó Harry.
Draco se apartó un poco de él. Como si de repente se hubiera dado cuenta de lo cerca que estaban.
-Al menos se me ocurren más ideas que a ti, Potter -dijo. Y lo miró con ojos entrecerrados, con esos ojos entrecerrados Slytherinianos que a Harry le volvían loco por momentos.
-No lo creo -intervino Ron-. Nosotros también íbamos tras Peeves.
-¿Sí? -dijo Draco, incrédulo-. En cualquier caso, ya da igual, Weasley. No creo que Dumbledore, por muy imbécil que sea, elija eso para regalarse los oídos.
Se quedaron en silencio. Estaban en una parte del castillo que conocían muy bien, pero que nunca se habían parado a explorar; era el descansillo que daba entrada a las mazmorras, en una de las cuales impartía clase el profesor Severus Snape.
Una de las baldosas estaba algo desvencijada. Parecía no encajar bien en el suelo, como si hubiese algo que la hiciese sobresalir. Crabbe y Harry lo notaron al mismo tiempo, y Crabbe dio con el pie a la baldosa. Al notar que había algo que crujía debajo, Ron y Goyle se agacharon para levantar la piedra. Ésta se elevó poco a poco; Harry extendió la mano.
-¡Un disco! -dijo, pero Malfoy era más listo:
-¡Accio! -dijo, y el CD voló a sus manos.
Draco lo examinó cuidadosamente, mientras empalidecía de forma gradual.
-No me lo puedo creer -dijo-. Simplemente, no me lo puedo creer...
-¿Qué pasa? -preguntó Goyle-. ¿Es tecno o algo por el estilo?
-¡Un muggle! -chilló Draco, y les mostró el disco-. ¡Hemos estado empleando nuestro tiempo..., todo el día... para buscar el compact de un jodido muggle, sólo porque le gusta a un vejete chiflado!
En la carátula del CD ponía: Elton John - Love Songs 1995. Malfoy lo agitaba tan rápido que Harry apenas podía verlo, pero aparecía un hombrecito con gafas y traje negro que bien habría podido ser un mago, de no ser porque su foto no se movía, como ocurría con todas en el mundo mágico.
-Al menos es típicamente británico -argumentó Crabbe.
-¡Hey, yo he escuchado Made in England! -dijo Goyle.
-¡Sois idiotas los dos! -Draco Malfoy hizo ademán de romper el disco, pero se contuvo-. Bien. Muy bien. Entregaré este CD al viejo y sus amigotes y me llevaré el premio yo solo. Ahí os quedáis.
Draco se dio la vuelta e inició la huida, pero Harry le cortó el paso.
-YO soy el héroe -protestó, con más mala leche de la habitual-. Eso es mío.
-¡Apártate, Potter! -dijo Draco con aspereza, al tiempo que le apuntaba con la varita.
-No.
Era bravo. Era valiente. Era temerario. Era bobo, porque no le había dado tiempo a sacar la suya.
-¡Expelliarmus!
Harry dio con sus huesos contra una pared. Entre pajaritos, pudo ver cómo Draco Malfoy se marchaba con el disco. Sin embargo, Ron Weasley -el leal, testarudo y también valiente Weasley, reducido a la categoría de acompañante- consiguió agarrarlo de la capa. Draco se tambaleó y cayó al suelo. El disco salió despedido de su mano; Ron corrió a cogerlo, pero Crabbe y Goyle también, y eran mucho más fuertes que él. Harry podría haberlo ayudado, pero aún no se había recuperado del golpe, y además, estaba entretenido mirando el escote de Draco.
-¡Harry! -gritó Ron, que se agarraba al disco como si en ello le fuese la vida.
Haciendo un esfuerzo, se pudo de pie.
-¡Fak! -dijo, apuntando a Goyle-. ¡Fakiutu! -y como su varita era la más poderosa, que no en vano la pluma de fénix procedía de la cola de Fawkes, logró aturdir a sus dos enemigos. Draco también había levantado la varita, pero ésta se había descascarillado con el golpe y no funcionaba bien. Draco sopló sobre ella y le dio cuerda.
-Mierda...
Harry no se dejó impresionar.
-¡Pagarás por esto, Malfoy! -dijo-. Por quererte apropiar de la gloria que sólo me pertenece a mí..., a mí y a Ron. Por ser tan malvado. Por dejar que te tiren de la capa y se te vea todo el escote. Por ser tan jodidamente, terriblemente, lamentablemente sexy y atreverte a rechazar al mejor de los magos, el famoso Harry Potter, el Niño Que Vivió -con las últimas palabras casi se le saltaron las lágrimas; se estaba emocionando demasiado-. ¿Cómo puede ser que no te haya afectado el hechizo, a ti, que tenías una obsesión insana conmigo, a ti que eres de los personajes más gays que hayan podido crearse nunca en el harryverso?
-¡Harry! -intervino Ron-. ¿Qué estás diciendo?
-No interrumpas, sidekick -dijo Harry-. Sí, lo reconozco. Tú me gustas, siempre me has gustado, eres mi amigo, me preocupo por ti y no me importaría follarte. Pero él..., él es mi némesis. Él me atrae de una manera que tú no podrías soñar. Es tan hijoputa, tan seductor, tan mortífago en potencia. Me atrae, Ron. Pero no se ha dejado hechizar, y ahora va a pagar por eso.
Draco y Ron permanecieron callados. Se miraron un instante. Draco fue a decir algo, pero no pudo.
-Harry -dijo al final Ron, con suavidad-. ¿No has pensado que a él no le ha afectado el hechizo por la simple razón de que ya era maric... quiero decir, gay?
-¿Ah, sí? -Harry bajó el brazo y reflexionó-. Pues ahora que lo dices, podría ser. No lo había pensado.
Draco se levantó y se limpió el polvo con dignidad.
-Bien, después de este paréntesis, me gustaría irme -dijo-. ¿Me devuelves el disco, Weasley?
-¡Nunca! -escupió Ron.
-Espera -dijo Harry-. Espera, Ron. Si de verdad es gay... bueno, creo que podríamos compartir el premio. Después de todo, yo tengo todos los galeones que pudiera soñar, a ti no te afectará ser un poco menos pobre que las ratas, y él viene de una familia de rancio abolengo. En cuanto a los dos adoquines -señaló a Crabbe y Goyle, que roncaban a dúo-, no les importará mucho.
-Yo no quiero compartir el premio con él -Ron levantó el dedo como un niño pequeño-. ¿No te das cuenta, Harry? Es Draco Malfoy, nuestro mortal enemigo. Se supone que le odiamos. Es malo. ¿Por qué íbamos a tenerle en cuenta?
-Weasley -el tono de voz de Draco se había tornado algo más sereno-. Mírame a los ojos.
Ron lo hizo. La expresión de su cara pasó de la ira a la confusión, y de ésta a la sorpresa. Draco desvió la mirada mientras Ron parpadeaba, visiblemente impresionado.
-Ya lo ves -dijo el mortifaguito-. Me odias. Yo te odio a ti, eso es cierto. Pero soy adorable y no puedo evitarlo. Es un don del que incluso mi padre se ha dado cuenta; yo soy adorable, Potter es heroico y tú... eres sexy. Creo que los tres estamos de acuerdo en eso.
Ron y Harry asintieron. Lenta, muy lentamente, Ron fue relajando los nudillos de la mano que sostenía el disco. Miró a Harry. Después miró a Draco. Más lentamente aún, se acercó a Draco y le alargó el CD.
-De acuerdo -gruñó-. Es tuyo.
Draco sonrió, lo que le hizo parecer más adorable todavía.
-Eres muy amable, Weasley. Supongo que tu parte del premio te servirá para que el año que viene no traigas calzones raídos al colegio.
-Que te den por el culo, Malfoy -siseó Ron.
-¿Lo harías tú, Weasley? -susurró Draco, al tiempo que daba un paso hacia él.
-Nunca... yo... ¡SÍ!
Sorprendido, Harry fue testigo de aquello que jamás había pensado que vería: Ron Weasley y Draco Malfoy engarzándose en uno de los besos más apasionados de la historia de Hogwarts. La tierra tembló, el lago se agitó por un momento, Peeves tocó un alegreto con su violín, mientras las cabelleras roja y platino se entremezclaban. El beso duró unos tres minutos, durante los cuales Harry se limitó a golpear la varita contra su muslo y a pasarse los dedos por el pelo. A los dos minutos y treinta segundos aproximados, escuchó sonido de llanto. Crabbe y Goyle acababan de recobrarse para ver a su Malfoy besando a otro. Se abrazaron y permanecieron consolándose hasta que Ron y Draco terminaron.
-Hmmmmm -murmuró Draco mientras se separaba de Ron con un sonido claro.
-Fiu -gimió Ron, y se colgó de su rostro una sonrisa boba.
-Oye, Ron... -dijo Harry.
-¿Qué?
-Decías que aún no estabas preparado para estas cosas... Que aún no tenías tan asumida tu homosexualidad...
Ron se rascó la cabeza. Era evidente que no sabía qué decir.
-Bueno, se puede cambiar de opinión, ¿no? -protestó-. De todas formas, que le bese no quiere decir que me lo vaya a tirar ya mismo.
-¿Ah, no? -dijo Draco, y Harry supo por la mirada de Ron que su casta voluntad sólo tardaría unas horas en quebrarse. Enfadado, se dio la vuelta.
-Será mejor que vayamos a la fiesta -dijo-. Ya es hora.
Aquel 28 de junio fue recordado como uno de los mejores días en el colegio. La fiesta fue todo un éxito, aunque desgraciadamente la mayoría de las personas se hallaban demasiado ocupadas con su lujuria para establecer una buena comunicación. Fleur Delacour se lució como corista; la actuación de sus veelas, que incluía poses orgásmicas y tan sugerentes como algunas que sólo pueden encontrarse en imágenes de libros (o en las mentes de los escritores de fanfic), derrochó aplausos, sobre todo del sector femenino. Hermione, muy a su pesar, no pudo evitar gritarle un "¡maciza!" a Fleur. Incluso muchos chicos sintieron revitalizado su lado heterosexual al ver danzar a las veelas. Entre ellos estaba el ex capitán del equipo de quidditch de Gryffindor, Oliver Wood, que dio grandes muestras de alegría con el espectáculo. Aunque jugaba de reserva en el Puddlemere United, aún no había visto a las mascotas del equipo de Bulgaria en acción, puesto que había llegado tarde al partido el año de los mundiales.
-¿A ti no te ha afectado el hechizo? -le preguntó Lee Jordan al verle tan entusiasmado.
-¿El hechizo? -Oliver Wood se rió-. El hechizo sólo vuelve del revés lo que no lo está. Pero verás, yo soy capicúa. (Incluso mi dorsal reza: 101) A mí no me pueden reciclar ni volver del revés. Soy completo y perfecto -él parecía muy satisfecho de sí mismo, aunque ningún Gryffindor pareció entender bien a lo que se refería.
Neville, para lástima de Hermione, Ron y Harry, no parecía pasarlo demasiado bien. Les explicó que el día anterior había salido con su abuela a Hogsmeade a tomar un carajillo nocturno, y que había vuelto a Hogwarts pasada la medianoche. Al levantarse a la mañana siguiente, nada parecía estar en su sitio habitual. No entendía una mierda, todo parecía escapársele de las manos aquel día, y por si fuera poco, Ginny -su amor platónico- bebía los vientos por Hermione. Neville comentó también, no sin un escalofrío, que Percy Weasley le había enviado una lechuza "sólo para saber si se lo estaba pasando bien el 28 de junio, y si querría volverle a ver". Por supuesto que quería volverle a ver, pero... Neville estaba un poco asustado ante el cariz que estaban tomando las cosas. ¿Qué pasaba, en Hogwarts se habían vuelto todos locos de repente? ¿Por qué no podía encontrar una chica, una sola chica, a la que le gustasen los tíos? ¡Nada! Había probado a invitar a Parvati a la fiesta, a Lavender... pero las preferencias de todas iban por otros lados. ¿Qué había hecho de malo? ¿O es que se había puesto una colonia que apestaba?
Mientras Hermione trataba de calmar a Neville, Harry y Ron se sentaron en una mesa y charlaron.
-¿Estás bien, Harry? -preguntó Ron.
-Psá...
-¿Qué quiere decir "psá"?
-Quiere decir que me habéis dejado sin nadie. Hermione con Ginny, tú con Draco... ¿quién me queda a mí? ¿Snape?
-No -observó Ron, al girar la cabeza y ver a Snape y el Barón Sanguinario brindando, muy acaramelados. Se suponía que los fantasmas no comían ni bebían, pero a saber qué había puesto Snape en las copas.
-Entonces, ¿quién? ¿Quién?
-Bueno...
-Dilo.
-Está Hagrid.
Harry soltó un profundo gemido. La parte entre sus piernas que había tenido tanta actividad aquel día pareció conforme, pero él era demasiado..., demasiado... demasiado heroico (y demasiado joven) para Hagrid. No obstante...
-Bien, de acuerdo -dijo, y tragando saliva, se levantó.
-¡Oh, no! -dejó escapar Ron.
-¿Qué pasa?
-Míralo -un dragoncito pequeño acababa de salir de lo que Ron y Harry habían tomado como un simple huevo de gallina tratado con el hechizo engorgio. Hagrid parecía feliz, apretando al dragón entre sus brazos y besándolo como si de un niño se tratase. Snape y McGonagall le dirigieron una mirada desaprobadora; Dumbledore sonreía.
-Creo que no va a tener tiempo para ti -dijo Ron.
Harry se deprimió. Cuando llegó la hora de bailar, Las Nimbus Se Lo Montan Solas salieron al escenario; Ginny tomó a Hermione con gracia de la cintura y comenzaron un suave movimiento; Draco se acercó a Ron, con la mano extendida en ademán caballeresco, y ambos se abrazaron también. Era muy bonito, muy romanticón y muy digno de fics fluffys, porque Hermione estaba tan guapa como sólo ella sabía ponerse, porque Ginny había dejado de ser "la hermanita pequeña" para convertirse en un verdadero personaje, porque Ron cobraba pleno protagonismo y porque Draco hacía relucir su atractivo como el oro. Pero Harry se aburría soberanamente, tanto que llegó a desear que llegara la hora de irse con los Dursley y no volver a Hogwarts en una larga temporada, porque por primera vez en su vida estaba cuestionándose -de verdad, no con falsas humildades- su condición de héroe.
Al final de la velada, Draco, Ron, Crabbe, Goyle y Harry subieron a la tarima para recibir el premio de manos de Albus Dumbledore. El director recogió su CD de Elton John y lo miró con ojos brillantes, por encima de las gafas de media luna.
-Adoro este CD -dijo-. ¡Camonmiusic! -y los acordes de I guess that's why they call it the blues llenaron el Gran Comedor-. Elton John es uno de mis artistas favoritos del mundo muggle. Sí, muggle, aunque no te guste, Malfoy. También allí tienen grandes cantantes. Bien, ahora vuestro premio.
Entonces hizo una seña con la varita, y del Sombrero Seleccionador -que había depositado sobre la mesa de profesores- comenzó a surgir una figura. Era un hombre, un hombre castaño, con aire lobuno, tan perfecto como sólo pueden ser algunos de los seres que habitan esta tierra. Les miró con sus ojos penetrantes. Harry no podía creer lo que veía.
-¿Profesor Lupin? -dijo-. ¿Es realmente usted?
Lupin dejó caer la negra capa que llevaba. Bajo ella, sólo había unos calzoncillos tarzanescos y un cuerpo bien proporcionado. El comedor se llenó de ovaciones, pero Remus Lupin le guiñó un ojo sólo a Harry.
-Feliz día, Harry -dijo-. Sirius te envía recuerdos.
Todos parecían haber olvidado que aquel hombre era un licántropo que estuvo en su momento acusado de proteger a un asesino; también había sido su profesor, el señor Lupin, con el que más habían aprendido. Y desde luego, no conocían aquella faceta de Lupin. Su encanto, que rebasaba el de Draco, aumentaba en curva exponencial a medida que bailaba. Bailó para Draco, para Ron, para Crabbe y Goyle y, por supuesto, también para Harry. Todos quedaron rendidos a sus pies. Harry pensó que se quería morir cuando Lupin acercó su cuerpo sudoroso al suyo y le dedicó un beso especial en la frente, y después llegó a la conclusión de que, en fin, ser un héroe bobo tenía sus cosas buenas, como chupar páginas gracias a otros. Y las gracias de otros no eran comparables a nada...
-Profesor Dumbledore -Harry llamó la atención del director cuando la fiesta comenzaba a decaer-. Dígame, ¿le costó mucho hacer este hechizo? Quiero decir, me gusta ser homosexual. ¿Cómo hizo para "convertir" a todo Hogwarts en un mismo día?
Dumbledore se mesó la barba y rió.
-¿Homosexuales? ¿Quién ha dicho eso?
Harry se sintió descolocado.
-Bueno, obviamente... -señaló a las parejas del Gran Comedor, pero Dumbledore le interrumpió.
-Ya, es cierto. Pero Harry, para mí eso es secundario. Si quieres, puedes pensar que el hechizo era para volveros homosexuales por un día -dijo el mago-. Pero a lo mejor prefieres creer otra cosa: que yo sólo os hice alegres por un día. El cómo no importa. Por otra parte, no sé por qué has pensado que la mayoría del colegio no podría tener tendencias gays, sabiendo que aquí se cuecen cantidad de habas.
Dumbledore hizo ademán de retirarse. Harry le retuvo:
-¡O... oiga! Una última pregunta: ¿por qué Remus Lupin? ¿Y si la que hubiese encontrado el disco fuera una chica?
Dumbledore hizo un gesto gracioso.
-¡Vamos, Harry! ¿Quién se resistiría a Remus? ¿No te acabo de decir que eso es secundario?
Aquella noche, todo Hogwarts dormía en paz; algunos más, otros menos, pero bueno. Algunos acababan de caer rendidos, mientras que otros llevaban un buen tiempo en brazos de Morfeo. Unos habían tenido sexo salvaje, otros sexo romántico, un par se había contentado con alguna que otra paja. Pero todos dormían a gusto, sintiéndose felices por un día, viviendo cada momento del presente... sin pensar en lo que ocurriría (en el) mañana.
FIN
27 Mayo 01
z ¿Te ha gustado? ¡Comentarios, comentarios, ñam ñam! ¡Aunque sólo sea para decirme: "COCHINA TE QUEMARAS EN EL INFIERNO", por favorrr! +