Un término muy popularizado en el terreno de los Estudios de Género (Gender Studies), pero poco conocido por aquí, es homosocialización y su adjetivo, homosocial. Como acabo de leer una tontería al respecto por parte de gente que no tiene ni idea, y estoy un poquito harta de quien invoca términos cuyo significado desconoce, quería escribir una entrada muy básica acerca del sentido y los usos de este concepto.
Homosocial tiene la misma raíz griega que homosexual (homo-, "igual"; que no del latín homo-, "hombre", "humano") y desde sus inicios está bastante conectado con este concepto. En principio, homosocial se podría referir a todos los elementos de cohesión social dentro de una misma cultura, pero en la práctica se usa para designar los lazos relacionales entre individuos del mismo sexo dentro de una cultura y en un momento histórico concreto.
La homosocialización es aquella socialización (esto es, la creación de dichos lazos) que da preferencia a las relaciones entre individuos del mismo sexo. Nuestra cultura occidental, de herencia judeocristiana, ha mantenido desde siempre una curiosa dicotomía: es homosocial a la vez que homófoba. Se espera(ba) que la socialización ocurriese de forma separada, chicos y chicas, hombres y mujeres (nada entre medias), pero la actividad sexual-reproductiva de los adultos debía llevarse a cabo exclusivamente con individuos del otro sexo. La actividad homoerótica, otro término polémico, pero que en principio designa el "eros", compendio del amor y el deseo sexual, ha estado penalizada en general, aunque en determinados modelos de organización social se ha permitido más que en otros.
La mayoría de los individuos en nuestras sociedades son heterosexuales homosociales, esto es, han sido criados mediante un modelo de masculinidad y feminidad como conceptos opuestos, han sido definidos como hombre o mujer y se han socializado, primariamente y más antes que ahora, a través de comunidades o grupos de un solo sexo que han definido su rol de género respecto al otro. A menudo ocurre que, en nuestra homosocialización, el objeto de las acciones, conversaciones, etc. es precisamente ese otro sexo, que no está presente, mientras que los individuos del mismo sexo actúan como gestores y jueces de esa identidad de género. También ocurre, como han señalado algunos académicos (como R. M. Kanter, una de las primeras en utilizar el término), que esta interacción cristaliza en una tendencia a desarrollar patrones de relación distintos que se activan ante la presencia de un sexo o de otro; por ejemplo, esto ayuda a perpetuar el vínculo homosocial en determinados ambientes como el laboral, el deportivo o el recreativo.
Por lo general, lo que se espera (a su manera, aun hoy día) de un hombre adulto es que mantenga un comportamiento homosocial y una actividad sexual-erótica heterosexual. Esto es, que sus lazos relacionales más importantes sean con otros hombres, con la salvedad de su relación con aquella mujer con quien mantiene relaciones sexuales (reproductivas). Lo que hicieran las mujeres daba un poco igual, porque se las veía como prolongaciones o propiedad de los hombres, aunque se espera un patrón bastante simétrico.
El hombre o la mujer que siente verdadera añoranza o deseo por relacionarse (incluyo todos los niveles) con individuos del otro sexo, o que prefiere este tipo de relaciones a aquéllas con las de su "propio" género, siempre ha suscitado, cuanto menos, curiosidad, aunque se le ha juzgado de manera distinta si su heterosociabilidad incluía también homosexualidad. Nótese, además, que incluso en el tiempo presente la socidad presupone --y a través de sus medios de comunicación, perpetúa-- que los gays tienen una capacidad especial de comunicación con las mujeres, etc. Homosexuales y transgénero, todo en el mismo saco, han sido parte de ese "tercer sexo" difícil de catalogar por intermedio, junto a los heterosexuales heterosociales, que a menudo encarnan o evocan el disfrute de la actividad sexual (triunfo y envidia en el caso de los hombres; puterío y su consiguiente desdén para las mujeres).
En los púberes y adolescentes (machos y hembras) se presupone un alto grado de homosociabilidad. Las formas homosociales de organización se estimulan y perpetúan. Tradicionalmente, es en estos casos donde nuestras culturas han cruzado más la línea de la permisibilidad de lo erótico y donde la homosocialización y el homoerotismo pueden estar menos claros, sin implicar que ninguno de los individuos tenga que ser homo o bisexual. Resulta gracioso que, mientras el fantasma de la inversión sexual ha sido muy fuerte en la homosocialización de los chicos, forzados a construir con más rudeza su identidad masculina de género --por oposición a lo femenino y, a la vez, sin cruzar las fronteras de lo homosexual-- y a demostrarla constantemente ante los otros, entre las chicas las cosas eran mucho más fluidas; y como el lesbianismo ni siquiera se definió como posibilidad hasta el siglo XX, el terreno de lo erótico era algo más libre. Lo que hicieran dos adolescentes daba un poco igual (máxime teniendo en cuenta que el propio concepto de sexo incluía un hombre y un pene), siempre que estuviesen preparadas para abandonar esos comportamientos y asumir sus responsabilidades familiares al llegar a la vida adulta. Claro, esto fue antes de la torpe llegada de eso llamado amistades insanas, que Enid Blyton identifica levemente como falsa amistad...
Hoy día hay algunos autores, como Eve Sedgwick, que se han dedicado a analizar estos conceptos, frecuentemente relacionando, por ejemplo, homosocialización con misoginia y patriarcado, o bien con el otro extremo de la cuerda, homofobia (asociando homosocial con algo amistoso o platónico). Nuestra cultura es capaz de identificar la homosocialización y satirizarla; hoy ya estamos saturados de libros, películas y series que se burlan, con más o menos crudeza, de los estereotipos asociados a unos u otros comportamientos de género (por ejemplo, Mulan escupiendo para pasar por hombre... un pequeño ejemplo en un mar).
Sin embargo, una cosa es señalar y otra variar o influir para el cambio hacia un verdadero modelo bisocial. Aquí es donde la teoría de género entra en conflicto con aquéllos que ven en la desigualdad sexual un modelo derivado de la predisposición genética-hormonal, o por decirlo de alguna manera, algo natural, aun cuando se vean obligados a admitir la influencia de la socialización en la construcción de la identidad (creo que negar eso, a estas alturas, es una muestra de imbecilidad). Las cosas no están del todo claras y la mayoría de personas coexistimos con ambos modelos en nuestro interior, aunque nos inclinemos hacia uno u otro.
Como podéis imaginar, tradicionalmente la progresía y el feminismo está de lado de la teoría de género y los conservadores y reaccionarios de parte de la teoría de la desigualdad natural (argumento, por cierto, que se esgrimió también para negar el derecho a decidir a las mujeres o a las personas de otras razas, ¿eh?, sólo recordando). Pero hay excepciones. A mí me parece significativo, por ejemplo, que la mayoría de homosexuales de hoy aboguen por una explicación genética de la homosexualidad --basándose en una experiencia vivencial de nuestra tendencia como algo inevitable y, a su manera, también ensalzándola como algo natural--, aun cuando la mayoría no sepa nada sobre genética ni esté demostrada la existencia de ningún gen de la sexualidad humana. También recuerdo un estudio de hace tiempo (y no precisamente de una entidad reaccionaria) que sugería que los niños y niñas fuertemente heterosociales, y que mostraban características propias del otro género (o sea, las niñas chicazo o tomboy y los niños pansy o afeminados), podría tener un origen hormonal.
Dejo enlaces para quien quiera leer más sobre el tema. Por favor, si alguna vez me hago rica y famosa, recordadme que ponga mis artículos a disposición de todos en internet. Recordadme también que si hombres y mujeres nos centramos en analizar a los hombres, seguirá habiendo un vacío en el lado femenino. Menos mal que no creo que eso ocurra, al menos mientras me siga gustando escribir sobre los (muy homosociales) internados de chicas. Gracias.
- Viejo artículo "Are you a homosocial?", que espoleó el uso de la terminología en el mundo no académico;
- Sedgwick, Eve: "Between men: English literature and male homosocial desire" (Google books) (un clásico de los 80).
- Flood, Michael: "Men, sex and mateship: how homosociality shapes men's heterosexual relations" (PDF).
- "Homofobia, temor, vergüenza y silencio en la identidad masculina", uno de los pocos artículos traducidos al español que usa el término "homosocial" que he encontrado.
- Una comunicación, esta vez original en español, que disecciona un libro de Judith Butler ("El género en disputa").
EDIT: Una última cosa que se me ha olvidado comentar es que precisamente este concepto difuso de lo homosocial es el punto de partida, la cuña narrativa ya no sólo de muchas historias slash, sino de mucha literatura gay (más que lésbica). Lo homosocial se sitúa en un punto entre lo netamente homosexual y la absoluta no-homosexualidad (más que la heterosexualidad), y las relaciones de amistades, odios, compañerismo, etc. entre hombres pasan al primer plano. Es entonces cuando, a menudo, lo que es homosocial en las series, libros o películas se hace homoerótico en los fanfics. Cabría analizar las razones por las que la literatura lésbica occidental ha querido distanciarse del patrón homosocial, con el que siempre ha mantenido una relación menos tensa que los chicos, pero eso ya da para otra entrada.
A veces hay informaciones estúpidas que una no logra encontrar en internet. Son simples, pero estúpidas. Por ejemplo: ¿quién tiene, y ha tenido durante muchos años, los derechos de los miles de libros de Enid Blyton? Lo digo porque es una de las autoras infantiles más profesionalmente fanfiqueadas. Le han escrito (con el "le", porque no estoy segura de que hubiera aprobado todas) continuaciones, spin-offs y entremedias de Santa Clara, Los Cinco, Malory Towers... y no siempre en inglés. En Irlanda vi cómo incluso habían cometido el sacrilegio de republicar los libros originales de Santa Clara de Blyton junto a los escritos por una autora contemporánea, con sólo una pequeña mención en el interior.
Algunas de las continuaciones que yo conozco ni siquiera son oficiales. Por ejemplo, los libros de la saga de la detective Georgina Powers, de Denise Danks, ¿imagináis en quién están basados? ¡Bingo! Me costó mucho localizarlos, pero cuando por fin me compré The Pizza House Crash... bueno. Por una parte, pues "je, je, qué divertido", porque os cuento. La autora comienza el libro a finales de los ochenta, con una George cínica y medio alcohólica, recién divorciada de un tal Eddie Powers tras encontrarle en la cama con su mejor amiga. Y de pronto --George es periodista y retiene el nombrecito como apodo-- le planta el caso de que su adorado primo Julian se ha suicidado --aunque desde el principio hay algo raro en ese suicidio-- porque se ve que le ponía cachondo enfundarse una asfixiante capucha de goma negra y colgarse con ganchos del techo, y el muy bobo se olvidó de la llave. Dick no sale en este libro, aunque hablan de él, pero es muy gracioso ver a la pobre Anne intentando hablar sobre las circunstancias de la muerte de su hermano.
Si toda la novela hubiese mantenido ese nivel de shock, habría sido un puntazo, pero se desinfla rapidísimamente al intentar contarte el funcionamiento de las bolsas y los mercados de valores mediante unos sistemas de procesamiento de datos más que obsoletos. Y además, no sé si fue el inglés o qué, pero a mí me daba la impresión de que el argumento no se sostenía por ningún lado. Llegó el momento en el que sólo seguía leyendo para ver si George se tiraba de una vez a su amigo o qué, y resulta que se saca de la manga otro personaje (sin ninguna relevancia en ningún sentido, aunque está bueno) al que se trajina. De verdad, qué esfuerzo terminarlo.
Tengo bastante más interés en las secuelas de los internados. Dicen que están bastante bien. Anne Digby escribió seis libros (más que los originales) de La traviesa Elizabeth; Pamela Cox, dos para los cursos que faltan en Santa Clara; y en cuanto a Malory Towers, cómo no, una alemana se dedicó a escribir cómo Darrell vuelve al cole como profe y bla bla bla bla y hasta se casa y la hacen directora, guau, al estilo de Ana de las Tejas Verdes. Luego un par de bollos holandesas decidieron que Pitty (aka Darrell) se merecía algo de diversión en la universidad y escribieron Pitty naar college. No sé si las envidio o si son mis heroínas, pero si supiera holandés, presionaría para traducir y distribuir en España estos títulos.
Pero creo que el que tiene la palma en cuanto a continuaciones blytonescas es el francés Claude Voilier. Título antológico de uno de sus libros, según la wiki:
- Les Cinq au bal des espions (1971; English title: The Famous Five in Fancy Dress)
Los fans dicen que sus historias de Los Cinco son una verdadera mierda. Yo no me he leído ninguna, pero estoy convencida de que un tipo capaz de enfrentarlos a hombres lobo y dioses incas y enviarlos tanto a la televisión como a la Amazonia tenía que tener al menos un mínimo de imaginación. No sé por qué, pero me despierta ecos de Edward Packard, uno de los mejores escritores de Elige tu propia aventura (nota: si creéis que yo soy friki, mirad, mirad la página del enlace). Éste también era capaz de enviar al protagonista a la cueva del tiempo, a una nave espacial o a morir en un naufragio. (Por cierto: ardo en deseos, alguna vez lo haré, de escribir Y TERMINAR un libro de este tipo. A la mierda con los que dicen que no son más que un juego que no desarrolla las verdaderas posibilidades interactivas de la narrativa. En la literatura no es posible ir más allá si uno no quiere perder el sentido. Para lo otro ya está la narrativa de los videojuegos.)
Fuera del tema de Enid Blyton, los de las continuaciones de Elige tu propia aventura tampoco fueron precisamente cobardes. No sé vosotros, pero yo tenía libros con Indiana Jones, Luke Skywalker, Alicia en el País de las Maravillas y Peter Pan de Disney, y ya entonces la posibilidad de estar yo (es un decir) en mitad de esos mundos y codeándome con los protagonistas me dejaba un poco K.O. Indy solía tomarte cariño, por cierto. De estos libros se ha hecho un homenaje-parodia que es Neither Either Nor Or. Leeréis que es un extraordinario juego metafísico usando las posibilidades de la narrativa, pero más allá de la coña, a mí me pareció pretencioso y algo vacío.
Estos días tenemos un seminario de un profesor venido de Texas, una pequeña eminencia en el mundo académico de los géneros cinematográficos. (Aunque no sé si sabe que no era la primera opción. Decírselo sería demasiado cruel.)
Es curioso recibir una clase en inglés y escuchar a la gente que normalmente habla en catalán y castellano intervenir en este idioma. En cualquier caso, con el bus por las mañanas y teniendo en cuenta que para mí el catalán también es un idioma no nativo, no es ningún problema. Creo que sentiría mucha más vergüenza si, por ejemplo, hubiese tenido de repente esta clase en la Complutense. Además, a él se le entiende casi mejor que a las películas de los años cuarenta que pone...
(Nota aparte sobre el inglés: de verdad que las inglesas me matan. Además, son las inglesas, no ingleses. Son las únicas capaces de pedirme un ticket "for tchú dAAAys, plís", con toda la boca abierta en a, y se quedan tan anchas. También son capaces de pedírmelo "for tchú díiis". Me matan, con esta muerte angustiosa pero dulce de los acentos.)
En realidad, yo lo que quería comentar no era sobre el idioma, sino sobre la forma de dar clase de este señor. Las expresiones "pausa", "silencio" y "mente ociosa" no existen en su cabeza (en la mía sí, pero es automático). Ese dinamismo debe de ser consecuencia del inglés, porque también les pasa a los británicos. Pero es la primera vez que estoy en clase con un estadounidense, y este aspecto resalta para bien. Lo siento, pero si estamos formados en la cultura del espectáculo, hay que jugar según sus reglas...
Por ejemplo, este hombre nos cuenta películas. Digo que nos las cuenta porque viene con PowerPoints con los fotogramas más representativos y nos va narrando qué pasa, útil si no la has visto (aunque te spoilea todo, claro). Y lo hace bien. Casi diría que es lo que más estoy disfrutando del seminario. Tiene un don para resumir y para narrar.
Incluso aquí, que no es ni por asomo el horror de las masificadas aulas de la UCM, a los alumnos nos cuesta salir de nuestro abotargamiento habitual para intentar responder a sus frecuentes "comments, questions?", más que nada porque si el silencio se prolonga más de dos segundos, él mismo sigue adelante. Es como una fusta cinéfila en el trasero, para emplear una bonita metáfora BDSM. A mí me haría falta esa fusta en mi vida habitual, pero muchos de los profesores que he conocido en mi vida necesitan una sesión de azotes.
Por cierto, que el doctorado me excita intelectualmente una barbaridad. Un punto a favor de la idea de quedarse aquí, entre otros, claro.
- George (Enid Blyton, Los Cinco, 1930s-60s): Hola, me llamo George/Jorge, aunque soy una chica. Ser una niña es terrible, quiero ser un chico. Odio los vestidos, a mí me gusta llevar pantalones y montar a caballo a horcajadas; hago todo lo que hacen los chicos, e igual de bien, sorpresa sorpresa. Me gusta la naturaleza, soy introvertida, obstinada e impulsiva y a veces tengo arranques de ira. A quienes quiero, les quiero para siempre. No tengo edad para amores ni nada similar, aunque se ha especulado y bromeado bastante sobre qué pasaría conmigo de mayor. Tengo un perro guapísimo llamado Tim, al que adoro.
- Stephen (Radclyffe Hall, El pozo de la soledad, 1928): Hola, me llamo Stephen/Esteban, aunque soy una chica. Ser una niña es terrible, quiero ser un chico. Odio los vestidos, a mí me gusta llevar pantalones y montar a caballo a horcajadas; hago todo lo que hacen los chicos, e igual de bien, sorpresa sorpresa. Me gusta la naturaleza, soy introvertida, obstinada e impulsiva y a veces tengo arranques de ira. A quienes quiero, les quiero para siempre. Básicamente soy una invertida y juro por Dios que es genético, aunque desde una perspectiva contemporánea no se sabe muy bien si soy lesbiana o transexual. Tengo un poni guapísimo al que adoro.
No, no creo que Blyton leyese esta novela, teniendo además en cuenta que estaba prohibida, aunque nunca se sabe. Siempre la había podido traer bajo el brazo su "amiga" Dorothy Parker. Más bien creo que recurrió al estereotipo, aunque ella dice que se inspiró en sí misma (también lo dijo con Darrell de Malory Towers y yo no veo demasiados puntos en común). La figura del pequeño marimacho, chicazo, onnabe... es universal, y es gracioso que tradicionalmente se la asocie con esa emocionalidad violenta y un cierto espíritu trágico. Bueno, gracioso a medias, que por la otra parte es un poco lamentable.
Pero las formas de abordar esa figura pueden ser muy distintas: comparad con Oscar de La rosa de Versalles (Versailles no bara), de Riyoko Ikeda. Tengo mucha curiosidad por saber cómo aborda esta mujer las lesbianas. Le llevó casi veinte años permitirse pasar de las onnabes ambiguas y cautivadoras a eso; espero que el paso valiera la pena.
Por cierto, aunque El pozo es un dramón de mucho cuidado, yo no hago más que reírme al leerlo. Quizás sea en defensa propia, porque parece que es el libro que lleva tocando los miedos y anhelos más íntimos a un buen puñado de mujeres desde los años veinte; y por mucho que algunos pasajes me evoquen la sonrisa, yo no soy una excepción. Hoy en el Parc de la Ciutadella unos cuantos franceses se me han quedado mirando. Siempre puedo decir que me reía de los patitos recién nacidos en el estanque, que son taaaaan monos.
A ver. Sólo quiero comprobar si de verdad la canción Gringo, de la inefable Sabrina Salerno, dice las tonterías que yo oigo en el estribillo. Nada más. Porque no es que cantase nunca cosas mínimamente profundas, pero para mí que éste es el apoteosis de la palabra despojada de significado:
Gringo, you treat me like a jingo, tell me why
Gringo, you make me feel a bimbo, tell me why
Todo eso de Sabrina Salerno desnuda y vídeos porno de Sabrina pertenecería a otra búsqueda que no incluye "lyrics", "letra" ni "testo". Entiendo que probablemente es lo primero que piensa la gente cuando le da por acordarse de Sabrina, pero no es lo que yo quería encontrar. Y personalmente, ella me resulta más graciosa que erótica.
I told my mama I'm happy
I told her everything is alright
Mama life isn't easy
And everything is going to be so right...
Sabrina necesita un homenaje como el comer. No me extraña que algunas drags utilicen canciones suyas para sus números.
Edit: Os dejo la canción, a ver si alguien me resuelve la duda.
Edit 2: Lo de sus tetas, la verdad es que era sutileza menos uno, y no se puede mantener el mismo as en la manga eternamente (la teta, grande o pequeña, al final no deja de ser carne, más o menos interesante). Por cierto, no sé si soy la única que encuentra extrañas coincidencias entre Sabrina y Britney Spears.
La mayoría de gente que proviene del mundo audiovisual y teatral, el periodismo y la publicidad se queja del intrusismo. Esto es, la mayoría de gente que ha pasado por esas fábricas de parados licenciados en serie que a menudo son las universidades. "¡Es que hay muchos que no tienen formación y sin embargo me quitan el puesto!". Luego la mayoría dicen que son de izquierdas, ¿eh?
A mí me la suda mucho que una persona sin estudios haga mi trabajo. Lo primero, hay cada inútil con carrera que ni te cuento. Mi facultad estaba llena de viborillas que lo mismo les habría dado pasar por clase que no, y en los curros en los que he estado he encontrado más agujeros en la cultura general de cada compañero que un queso Gruyère. La gran mayoría sufren del síndrome "sándwich de Rodilla": levantas la tapa mediática y no hay nada debajo.
En segundo lugar, no se necesita estar cuatro o cinco años en la universidad para manejar bien una cámara Betacam, el AVID o cualquier programa de postpo. Que tú te los has tragado, pues vale, pero el resto no tiene la culpa. La gran mayoría de personas que buscan las empresas son personal técnico: asúmelo, no quieren grandes directores en ciernes. Buscan gente que sepa sumar dos más dos. Por otra parte, mientras tú te fastidiabas intentando aprobar Teoría de la Comunicación y Estructura de la Información, es posible que ellos estuvieran empalmando un plano con otro en su casa o por horas en alguna productora birriosa, y ya se sabe que sabe más el diablo por viejo que por diablo.
En tercer lugar, como siempre, erramos el tiro. ¿Nadie se da cuenta de que el verdadero problema no es que una persona, quizás sin formación pero igualmente capacitada, pueda desempeñar el mismo trabajo, sino que ninguna persona sin contactos, colegas, etc., o sin chupar lo que haya por delante, puede entrar en el mundillo? Esto no es ninguna meritocracia: por el contrario, es una amigocracia, una familiocracia, una farsa en la que hay que humillarse y parecer sociable, graciosete y encantador delante de la Gente Importante. Cuando hay un puesto libre, ¿qué se hace con él? ¿Creéis que se hace algún concurso público, que se anuncia...? No. La persona de turno se vuelve al que tiene más cerca y dice: "oye, que nos hace falta un realizador, ¿conoces tú a alguien...?".
Eso sí que es absurdo. Pensar que el amigo del del codo derecho va a ser bueno sólo porque es amigo suyo. No dar la oportunidad de cubrir un solo puesto a personas que no sean colegas de, eso sí que no tiene sentido. Tener gente en plantilla que no da ni golpe y a la que no se le evalúa la calidad desde tiempos inmemoriales, eso sí que es ridículo. Tener sagas familiares enteras en una productora que se dice moderna... todas estas prácticas son las que deberían escandalizarnos.
Hay muchísimas otras cosas por las que protestar, pero a mí la amigocracia me molesta especialmente. Si el de al lado viene de universidad, efepé, escuela privada o nada, si ha estudiado Derecho o es mecánico, me trae sin cuidado. Ponle a prueba y dime si crees que puede desempeñar bien ese trabajo. ¿Ah, que eso es esforzarse demasiado? Claro, se ve que compensa reducir energías y sale más a cuenta hacer lo del colega del codo derecho...
Tú no buscas un redactor, tú buscas un idiota que sepa escribir una letra detrás de otra para promocionar tus productos. Tú no buscas un guionista, tú buscas un imbécil que desarrolle tus ideas exactamente como tú quieres y rellene espacios para colocar tu publicidad. Y para eso, casi prefiero trabajar en el bus.
El dibujo es una caca, pero prefería que lo fuese y despachar esto en un par de horitas a que fuese uno de esos proyectos de "¡oh, alguna vez lo haré!".
Life of a Tourist Bus Worker - 01
Ya se me han acumulado chopocientos conejitos de esos en la cabeza, porque os lo aseguro, la cosa da para conejitos...
A mí lo de los hombres metrosexuales siempre me ha parecido una chorrada como un piano. No por el propio concepto, sino por la forma de abordarlo. Metrosexual. ¡Como si el usar cremas y hacerse el láser tuviese mucho que ver con la sexualidad! Metrosexual. ¿Persona a la que le ponen los rascacielos, o qué?
"Metrosexualidad" es un término confuso. Reduce al absurdo lo que es el resultado de los cambios en la imagen masculina y la deriva consumista de la sociedad en las últimas décadas. Convierte las preguntas inquisitivas de "¿qué hay de femenino en las actitudes del hombre de hoy?", "¿cómo son los jóvenes urbanos del año dos mil?", "¿cómo entiende o se enfrenta el hombre joven a su masculinidad?" en una mera dualidad superficial, un "tío que se pone cremitas versus el hombre-oso de toda la vida". Y se supone que todas las mujeres se ponen cremitas y están interesadísimas por el tema, ¿no?
Sin duda, que se le haya dado nombre al concepto (desafortunado, pero al menos se le ha nombrado) indica que la propia sociedad lo ha percibido. La sociedad parece un catedrático despistado. Es muy gracioso ser testigo de cómo de pronto "la sociedad" cae del guindo, se pone las gafas y observa con sorpresa fenómenos que llevaban gestándose la tira de tiempo, pero que parece que nacieron ayer. "La sociedad", en este caso, se acojonó; y como no pudo librarse de su arcaica asociación de "hombre que cuida su apariencia = maricón", llamó a ese tipo metrosexual, como si portase consigo una forma verdaderamente nueva de entender la sexualidad.
Y la tele y los medios se llenaron de contraposiciones y chistes metrosexualófobos (¡mamá, miedo, que asaltan mi identidad masculina!) y en el fondo muy envidiosos (¡porque a "las chicas" --sean quienes sean las que están contenidas en ese concepto-- les gustan así!). Mientras parte de los hombres españoles salía en masa a comprar cosas que antes ni siquiera les sonaban y que a menudo nadie, tampoco ninguna mujer, les había pedido, el llamado macho ibérico (otro concepto que vaya usted a saber lo que quiere decir) reaccionaba (en el sentido más político) y reclamaba virilmente la firmeza de una identidad tradicional, que en el fondo es lo que a las mujeres les gusta (repito: ¿y quiénes son "las mujeres" aquí? Porque me da que, aunque el debate versa sobre sus preferencias, no tienen mucha voz y voto).
Hablan de la imagen, porque es de lo único de lo que se sabe hablar hoy; pero lo que hay debajo es mucho más. Personalmente, me resulta triste que, una vez más, "la sociedad" (que también habría que definir quién es) haya encontrado el camino para ultrasimplificar, heterosexualizar y normativizar las enormes grietas que no ve sin ponerse las gafas que guarda en el bolsillo. Eso sí, las empresas de "productos de belleza" (ídem) estarán muy contentas.
P.D.: Esta entrada venía a que estaba saltando de blog en blog y confirmé mi creencia de que hay chicos que son verdaderas lesbianas en cuerpos masculinos (sí, bollos, asumidlo; los hay, y cuando lo son de verdad, tenemos mucha más afinidad con ellos de lo que podéis pensar), al igual que hay tantas chicas que son gays atrapados en cuerpos de mujer. Tengo en mente un cortometraje sobre una chica que es algo así como un chico bisexual y con mucha pluma atrapado en un cuerpo andrógino, aunque ella no se define así. Rizar el rizo, ¿no? Bien, eso me gusta.
¿Qué se puede encontrar en el tren nocturno Estrella, Madrid Chamartín-Barcelona Sants, de diez de la noche a siete de la mañana, en una litera cualquiera del coche 32 el día 01/05/07?
a) Chinches.
b) ¿¿¿¿Chinches????
c) Las dos son correctas.
A veces tengo la impresión de que debería dejar estar mis mitos de infancia. Más que nada porque nunca van a dejar de serlo, pero si sigo hurgando en ellos a mi edad, se me deslucen un poco. Es lo que me pasa con El pequeño vampiro. Decidme que no soy la única que piensa que estos últimos libros (... baila que te mueres, y su noche de cumpleaños, y la noche del terror) son, dicho delicadamente, un truñito.
Una de las cosas que más me exaspera es la aplicación de esa máxima sitcomera de que al final todo tiene que volver a su orden preestablecido y nunca moverse del sitio. Por Drácula y todos los gusanos de la cripta Schlotterstein, hay cosas que pueden funcionar durante diez libros o diez años, pero cuando son ya diecinueve (libros y aún más años), hace tiempo que vienen arrastrando moho. Los niños de hoy ya no están educados en una narrativa tan inmovilista: ¡han crecido con Harry Potter, que ha crecido a su vez con ellos! Haz avanzar las cosas. Cárgate a algún Schlotterstein y no a una tía vampira de Suabia que nos importa un bledo. Saca a los vampiros a la luz (nunca mejor dicho), que se supone que están en Hamburgo y algún escándalo debería haber en los periódicos.
Y lo siento, pero lo de Anton y Anna ya cansa mucho. Soy la primera que ha sufrido con esa relación como si fuera una telenovela y la considero una de las más bonitas que nos ha dado la literatura (infantil y a secas), pero no se puede mantener siempre la misma tensión sin resolver El Problema; hola, ella es vampira, él es humano, él crece, ella no, ella bebe sangre, él bebe zumo de manzana, él sale de día y ella de noche. Perversamente, yo habría deseado un final como en el musical noruego, en el que Anna convierte a Anton en su compañero murciélago. Pero aunque durante un breve tiempo pensé que era eso hacia donde se estaba orientando la acción, este último libro me ha confirmado que no eran más que palos de ciego y que el mozo sigue sin estar predispuesto en los libros, aunque tiene tanto a Rüdiger como a Anna lampando por que de una vez vea la luz (no pun intended).
Creo que lo más gracioso de este último título es que se ve, una vez más, lo terriblemente gays que son Lumpi y Schnuppermaul. Si alguna vez la autora le da una novia a Lumpi o algo así, me voy a quedar descolocada. Es que mirad:
(p.118, El pequeño vampiro y la noche del terror)
-De momento estoy algo confuso -respondió Schnuppermaul-. Tiene que ser por la terrible desilusión que he sufrido.
-¿Te refieres al hecho de que los vampiros nos hayan colgado aquí junto a las jirafas?
-También. Pero sobre todo a la desilusión que me ha producido mi joven amigo. ¡Me ha partido el corazón!
-Amigo... -Geiermeier resolló nervioso-. Un amigo encantador... que quería morderte en el cuello. ¡Sin nuestros ajos, serías ahora uno de ellos!
-Ya lo sé, Heinrich -Schuppermaul sollozó-. Pero el joven señor de Schlotterstein había ganado toda mi confianza.
(...)
-¿Es que tienes que dejarte morder para notar si uno es un vampiro o no? -silbó Geiermeier.
-Pero en realidad no fue un auténtico mordisco -aseguró Schnuppermaul-. El señor de Schlotterstein quería morderme, pero sólo ha rozado mi piel levemente con sus dientes.
También la repetición de patrones puede ser divertida. Ya sabemos que todas las chicas humanas se enamoran de Anton. Es muy enamorable, el chiquillo. Lamento, sin embargo, que la autora lo haya infantilizado un poco y que no haya lugar para esos dobles entendidos y ese subtexto picarón del que ha hecho gala en otros títulos. Vamos, me quedaba yo aturdida cuando tenía diez años; y ni qué decir cuando leí Hanna, el pequeño ángel, y vi que había bromas explícitas de pollas... Pero da lo mismo; ya sé que cuando sale una niña de la edad de Anton se tiene que encandilar por Anton, y me gusta que sea así, aunque sea por ver a Anna celosa (¡esta vez se me ha escatimado esa parte!).
Una última cosa: lo de la globalización y los cambios en el mercado laboral está empezando a hacer verdadero daño. Las cosas se traducen bien y no pay por palabra y a la carrera. Es "Rüdiger" y no "Rüdiguer" en algunas frases, y de toda la vida se viene diciendo "von Schlotterstein" y no "de Schlotterstein". Claro que entonces también debería recordarle a la autora que el padre de Anton no se llamaba Robert, que Schnuppermaul llama a Geiermeier Hans-Heinrich y no sólo Heinrich, que sus vampiros no se asustan de las cruces y demás... No se puede ser tan friki.
(p. 82)Qué fanfic sale de aquí, Dios mío, qué fanfic...
Vio cómo Rüdiger le hacía señas desde los arbustos para que fuera tras él. Por un momento, tuvo la sensación de estar entre dos mundos: el mundo de los vampiros y el mundo de los humanos, como un paria que no pertenecía a ningún sitio.