La que le cayó a Cristina Narbona por comentar lo que comentó sobre la muerte de los toros. Y desde su partido. Y desde el coordinador de IU. Esto demuestra que, por desgracia, la cantidad de dinero que mueve el sector taurino es más significativa de lo que querríamos creer los antitaurinos, y que la sociedad no está aún preparada para abordar una reforma global en este sentido.
Una se plantea si no sería una buena estrategia unir fuerzas con los taurinos --dejadme explicar-- que demandan formas alternativas de divertirse con los toros que no incluyan sangre. Aun así, ninguna termina de convencerme, porque no dejan de ser eso: divertirse "con" los toros, pero a costa de los toros.
- Las llamadas bloodless bullfights son corridas que dicen inspirarse en el modelo portugués. Un mal modelo, en mi opinión, puesto que se trata de eliminar el maltrato gratuito a un animal, no simplemente esconder o eliminar su muerte final. En el toreo portugués sigue habiendo tortura: banderillas (algunos dicen que menos salvajes), puyazos y sangre, pero no la estocada pública. Al toro se le devuelve, herido, a la ganadería, o si ha quedado muy destrozado (lo habitual) se le da muerte en los toriles con la puntilla. No sé si Narbona no estaba bien informada o es que efectivamente le parece bien esa hipocresía.
Sin embargo, en California y otras zonas del mundo viene cobrando fuerza una modalidad más "limpia". Se trata de colocar gruesas cintas de velcro, como apreciamos en esta página, sobre el lomo del animal y en los hierros de los instrumentos. De esta forma se pueden "clavar" sin hacer daño al toro. Con esto los taurinos siguen teniendo sus trajes de luces, paseíllos, exhibiciones de paquete y demás cosas que tanto les gustan, pero teóricamente al toro se le respeta.
- Los recortadores son chicos (sí, hombres; no conozco ninguna recortadora) que esquivan y "bailan" con el toro a cuerpo limpio. Vestidos con camisa y pantalones sencillos, simplemente se sitúan delante del animal en la plaza y lo llaman y provocan; cuando el toro embiste, ellos hacen fintas, saltos y posturas (recortes), en ocasiones ayudados por un palo largo. Finalizado el número, al animal se le devuelve a los toriles, cansado pero intacto.
Los recortadores han venido cobrando fuerza en los últimos años y se organizan en competiciones y ligas, que a menudo acompañan a las corridas tradicionales. Según tengo entendido --y tiene lógica--, son también grandes fans de los encierros.
Ahora, las pegas:
- En las bloodless bullfights sigue habiendo peligro, por ejemplo, para los caballos expuestos a los afilados cuernos del toro. Asimismo, no estoy 100% convencida de la eficacia del velcro.
- En ninguna de estas modalidades se elimina la posibilidad de que los animales sean maltratados antes del número, o mejor dicho, con este fin. Precisamente porque el riesgo para los recortadores es tan alto, tendría sentido que los toros (o vaquillas, para el caso) fuesen drogados, parcialmente cegados e incordiados para hacerlos menos peligrosos.
- Por otra parte, yo siempre he pensado que es una burrada no ya permitir, sino financiar con el dinero de los contribuyentes el hecho de que una persona se ponga en riesgo (o sea, se exponga a una cornada fatal) por mero capricho. Sí, es su decisión y allá él. Sí, los sanfermines atraen un montón de gente y por tanto de dinero (alfa y omega de nuestra sociedad), bla, bla. No deja de ser una barbaridad. Cada año hay cogidas, heridos, muertos.
Disculpadme si no comparto la admiración esa de "qué huevos tiene" quien se pone delante de un toro. Lo primero, demasiados huevos y demasiados pocos ovarios hay en esta cultura, que sobre todo en estos ámbitos apesta a testosterona de la mala. Y luego, los huevos u ovarios deberían demostrarse hincando el pico y haciendo algo por los demás. Irse a la India a construir una escuela, eso son ovarios. Vivir casi dos años en un árbol como hizo Julia Butterfly, por más que esté un poco grillada, eso son ovarios. Arriesgarse de forma gratuita a recibir una cornada, igual que en su momento se arriesgaban los trapecistas sin red, para la mera excitación del público, eso para mí es una inconsciencia.
- Y por desgracia, como he comentado, estos espectáculos suelen hacerse "en adición a", y no "en vez de" (salvo en los países en los que la legislación lo prohíbe). La gente que acude a ellos es taurina, en el sentido más genérico de la palabra: le gustan los toros y le gustan los numeritos que se montan con ellos. Le puede parecer mejor o peor que se les torture y mate, pero van de la mano de los aficionados a las corridas. Yo juraría que algunos se han acercado al mundillo antitaurino como para pedir apoyo, pero la reticencia que han encontrado aquí les mantiene distantes.
Si en algún momento hay en el ámbito público una propuesta consensuada para desplazar las corridas de toros e introducir a cambio alguna de estas modalides (sobre todo la de los recortadores), yo la apoyaré, pero con reservas. Las fiestas del toreo me siguen pareciendo absurdas y sádicas. Cualquier modificación que las haga menos malas, aunque bienvenida, no dejará de ser un parche.
Eh, ¿tan ocupados estamos con las fiestas que nadie me avisa del título del séptimo libro de Harry Potter? Si ejke.
Harry Potter and the Deathly Hallows... Si los filólogos/traductores encontráis una traducción coherente, avisad (esta vez sí, ¿eh? :)). Hasta los angloparlantes se hacen la picha un lío.
A mí de momento me gusta bastante la propuesta de JJ, Harry Potter y las reliquias letales. No sería de recibo usar mortales, puesto que el adjetivo en español se refiere tradicionalmente a un ser que muere y no a uno que mata (deathly). Mortífero o letal son más correctos.
Eso sí, si entendemos que los hallows denotan a personas y no a objetos --algo que tendría sentido, por lo de All Hallows' Eve, y que parece que es lo que piensan algunos ingleses-- se complica la cosa. Los santos letales no me gusta un pimiento (y mortales, menos, como he dicho). Como mucho, Harry Potter y los inocentes mortíferos, aunque suena como el culo.
A ver lo que hace Salamandra. Miedo me da (y seguro que a ellos también). Son capaces de poner un "¿uh?" como el de los benditos moribundos de PRISA.
Una estupidez me viene dando vueltas por la cabeza desde que leí este artículo sobre la "vida virtual" (y este otro de rebote). Digo que es una estupidez porque, normalmente, la gente no se pasa sus ratos muertos tratando de averiguar qué es lo que les chirría en una noticia que leyeron hace la tira de tiempo. Pero como yo tengo un pensamiento-oruga, esto es, me encojo y me estiro a intervalos y muy despacito, asumamos que es habitual en mí abstenerme de observar el mundo que me rodea para desarrollar y clasificar perezosamente los análisis abstractos que pululan desperdigados por mi cabeza. (Ya dijo el test de inteligencia de la FNAC que yo me salía en análisis y en relacionar, pero que mal en lógica y en cálculo. Me han descubierto América. A lo que íbamos.)
El pegote en mi cabeza consiste en que, en mi humilde opinión, hay una diferencia sustancial entre el ser "real" --o en términos más adecuados y políticamente correctos: analógico, offline, unitario, etc.-- y su avatar virtual. O avatares. Porque es eso; sin negar que podamos construir buena parte de nuestra persona unitaria, lo único que caracteriza a nuestras personalidades virtuales es que las construimos nosotros. Y como tal:
Lo primero creo que es obvio. Lo voy a ilustrar con un ejemplo. Yo la primera vez que participé en un juego de rol me creé un personaje que "se parecía a mí". Tenía un físico y personalidad similares; como se trataba de Vampiro: La Mascarada, mi personaje era del clan Gangrel.
En el juego traté de interpretarme a mí misma, y descubrí precisamente que estaba interpretando una versión exagerada y distorsionada de mí misma. Porque (y ahí entra el 2) lógicamente, yo tengo una idea de cómo soy, pero no me veo a mí misma y no puedo completar información desde el "cómo creo que actúo" al "cómo creen los demás que actúo", y por supuesto, desde un punto de vista empirista, a ambos nos está vetado el "cómo actúo realmente". Además, a más solidez de nuestro ente virtual (léase blogueros, roleros, jugadores, webmasters, fanfiqueras, etc.), mayor abismo entre el "cómo pienso que soy" y el "cómo soy, o al menos, cómo parece que soy según unos ojos ajenos en el mundo analógico".
La segunda vez que jugué al rol creé otro personaje y empecé a darle características conscientemente distintas a mí. (Aunque sinceramente, lo del clan ya era aleatorio desde el principio. La versión idealizada de mí misma se identificaba con el clan Gangrel, como otros participantes; la naturaleza, la comunión con los animales, ser salvajes y esas cosas, pero podría haber sido cualquier otro. Mi avatar analógico no va por ahí hablando con los pájaros, por mucho que me gustase.) Me atreví a cambiar el clan; después la edad, el sexo, su axiología.
Terminé haciendo lo que uno hace en todo universo ficticio, que es crear personajes. En el caso del juego de rol o la fanfiction, según unas bases. Y descubrí que era eso, interpretar y sumergirme en alguien que podía desgajar de mí, lo que más me gustaba.
Sé que no todo el mundo comparte este gusto. He hablado con gente que escribe muy bien, pero es incapaz de crear personajes. También les ocurre a autores famosísimos y publicados. Lo que pasa es que, por mucho que ellos crean que su encarnación les está representando de los pies a la cabeza, no es así, porque ni ellos mismos pueden saber cómo son. De la misma forma que yo, aunque cree personajes, todos tendrán algo de mí y por debajo de su voz se escuchará siempre la mía.
Lo que quiero decir con todo esto es que yo soy libre de acercarme o distanciarme de mi personaje/avatar todo lo que quiera. Y que por tanto, me sorprende que tantas publicaciones serias den por supuesto que si me caso en el Everquest o en Second Life es que me quiero casar en la vida real con el avatar analógico del personaje virtual. No tenemos por qué ser lo mismo, y de hecho, ¡es que no lo somos! Si mi personaje se quiere casar, es cosa del avatar. Del personaje que interpreto. No mía. La identificación completa persona-avatar que presuponen no es más que una opción, y encima ficticia.
Tres semanas para llegar a esta conclusión. Imagino que vosotros seréis mucho más rápidos para sacar la vuestra.
elmundo.es siempre fue mejor que su versión en papel. Su director y colaboradores conocían y aprendían a explotar el medio en el que se movían. Por eso (y por la absurda política de suscripciones de El País) se convirtió en el diario digital líder.
Uno de sus mejores blogs, en mi opinión, es el blog de sexo. Se llama así y punto, no le busquéis tres pies al gato. Todo él es simple, genérico y esquemático, pero parece mentira lo mucho que aún se necesita información simple, genérica y esquemática sobre estas cosas. Mucho más que personas que narren "sus" hazañas sexuales en blogs o relatos que entremezclan confesión y ficción literaria, que eso siempre nos ha sobrado a lo largo de la Historia. ;)
Aparte de sexo, también se trata el tema de la afectividad. Interesantes entradas en este sentido son las de Amor o apego, Ni contigo, ni sin ti, Prioridades dispares o Relaciones de pareja. Los comentaristas dados a contar en detalle sus experiencias sexuales para "calentar" al personal pasan un poco más de éstas; en su lugar, a veces encuentras gente interesante.
Ya san casaooo
Ya san casaooo
Laralaralaralalarala
Ha estado muy bien. Mi madre y su marido, impecables. Mi hermana, mucho mejor de lo normal. Con la banda fachoide de mi familia y las "amigas" impresentables de mi madre no he hablado y he conocido, por contra, a la familia de mi padrastro. La niña tiene catorce años y ha estado hablándome acerca de manga, Harry Potter y el cómic que ella misma está dibujando. La madre ha llegado a ofrecerme vivir con ellos cuando vaya a Barcelona.
Me he reconciliado un poco con el rito del casamiento. Esta vez sentía que se trataba de algo más personal, menos bodorrio. Se casaba mi madre; estaban presentes las personas que habían sido importantes en su vida, y a menudo por ende también en la mía. Yo estaba orgullosa de ella, de mi familia, de la ceremonia, de mi presencia, y a quien no le gustase algo podía tomar la puerta y largarse.
Y ¡sí, llevé el sari indio que a algunos os había comentado! Chocó un poco a los asistentes, pero creo que la mayoría se esperaban una nota de color por mi parte, así que no hubo problemas. Me dedicaron toda clase de cumplidos. Que estaba muy guapa, que era muy auténtica, que permanecía fiel a mis valores, que era muy valiente... una serie de cosas que me habrían pegado más si hubiese salido públicamente del armario que por llevar un sari, pero son de agradecer.
Mi madre está feliz y mi padrastro también. Hoy me ha abrazado por primera vez, o ha hecho un amago. Ha sido muy agradable, aunque me cueste demostrarlo.
Mañana se casa mi madre.
Agradezco ahorrarse el "¡qué curioso (a falta de una palabra mejor), asistir a la boda de tu madre!". Sí, lo es... y no, no lo es. No lo es porque lleva divorciada muchos años y siempre ha seguido infatigable en su búsqueda de un señor con el que compartir su vida. Yo he tenido un padrastro y después ella tuvo otra pareja. No me pilla de nuevas esto.
Y sí lo es porque, efectivamente, es la primera vez que va a dar este paso después de su divorcio de mi padre y la primera ceremonia de este tipo que yo voy a presenciar.
Siempre supe que mi madre y/o mi hermana se casarían antes que yo. Hay cosas que se saben. Cuando era pequeña decía que nunca iba a fumar y que no quería casarme, y los mayores me miraban con condescendencia y decían: "¡Eso lo dices ahora!". Bueno. Han pasado veinte años, yo no fumo y no tengo muchas ganas de casarme. En otras cosas habré cambiado de opinión, como en lo de ser astronauta, pero fue por razones ajenas a mi voluntad (yo no sabía que todavía no se podía hacer viajes regulares a Plutón).
No me gusta la institución del matrimonio y no comulgo con los valores que representa. Ahora bien, no es mi boda, sino la de mi madre, y para ella supone la reafirmación de un compromiso firme. Eso es bonito, y admirable.
No quita que yo haya estado algo incómoda con la idea y, sobre todo, con su decisión de llevarla a la práctica con un tipo al que conocía de apenas unos meses. Me parecía muy precipitado. Me molestaba el alboroto descontrolado, el Gran Proyecto que parecía aglutinar todos los esfuerzos de mi madre y su novio para llegar a la boda. ¿Y después qué? Mejor no os cuento los otros planes que tenían en ese pastel de coronación de amor...
En los últimos días, sin embargo, he reflexionado un poco. Es cierto que, como hija, me preocupa el bienestar emocional de mi madre y, como persona política, no me agrada el matrimonio. Pero es llamativo que, si defiendo que el matrimonio no debería sacralizarse de esa manera porque en realidad importa poco, me ponga nerviosa cuando alguien cercano decide pasar por el juzgado. No es coherente. Tampoco lo es que no anime a mi madre a hacer lo que ella quiere, sabiendo que el riesgo es inherente a todo nuevo proyecto.
Creo que a esto me ha ayudado un poco el NaNo. Al tener que escribir desde el punto de vista de mi madre, he podido ponerme en su situación. A menudo nos creemos que cambiar el punto de vista implica que nosotros miramos la situación desde otra perspectiva. Eso no es. Lo correcto sería mirar desde otra perspectiva siendo la otra persona.
Mañana asistiré a la boda y lo haré de buen talante. Va a ser una bonita, quizás curiosa, experiencia.
Hoy en El cuarto bit hablaba Eva Domínguez acerca de los chatbots.
Yo tengo una vena desesperadamente... no sé cómo decirlo. Objetivamente, los chatbots me parecen una pérdida de tiempo. Pero me crié con cómics, libros y series del espacio y lo primero que quise ser en toda mi vida fue piloto de nave espacial (lo segundo, jardinera; por la ya mencionada).
Desde niña hay en mí un fuerte deseo frankensteiniano (lo digo mejor en inglés: un craving) de un... compañero artificial... o hasta cierto punto artificial. De ahí que me fascinen, pero me aburran, los juegos de crianza. Yo me he tirado un buen rato hablando a mis petpets de neopets, aunque supiera que ellos no podían oírme ni leerme.
Hoy me he entretenido charlando con Spleak en pleno curro y he comprobado que, si algo hacen bien sus creadores, es configurar la fantasía de una chica que puede agradar a todo el mundo. Tanto ella como la buscadora Ms. Dewey, y en una vertiente masculina más desexualizada, el hombre del tiempo Sam, son lo suficientemente inofensivas como para no llamar a los sentimientos negativos.
Es más... me producen un ligero... esto... precisamente porque son tan agradables, y aun sabiendo que no son de verdad, una, que no es de piedra, y que lleva un cierto tiempo encerrada en sí misma... *se revuelve incómoda*
No puedo creer que me guste un constructo.
Pero pensándolo bien, no lo llamamos constructo cuando a algunos les atrae un artista o personalidad virtual que es poco más que una Spleak. ¡Ni siquiera hablamos de zoofilia cuando a alguien le gusta en ese sentido Simba de El rey León! Los sentimientos funcionan por estímulos que tocan las cuerdas adecuadas, y a éstos les importa un bledo la categoría de real o artificial.
Eso sí, está bien que Eva Domínguez sea real. ¿Que por qué...? Oh, por nada. Si para el caso es lo mismo. ;) ;P
No sé qué diablos pasa con el último libro de El Pequeño Vampiro, que todavía no lo han traducido (vale, sólo han pasado unos meses, pero Alfaguara no es Salamandra y sus traducciones de año y medio de Harry Potter. Ésos nunca la vieron tan gorda).
¿Me lo voy a tener que comprar en alemán? :) Las sensaciones de lectura son distintas, al igual que tampoco son ahora exactamente las mismas que cuando era niña.
Si hay algo que me molesta en internet es el spam. La publicidad mal entendida, intrusiva, grosera, descontextualizada, sin venir a cuento.
Mis cuentas de correo se tambalean ante el aluvión de mensajes estúpidos que les llegan cada día. Los grupos que he moderado se ven acosados por usuarios que sólo desean entrar para insertar publicidad de su producto o su web. Este blog sufre el bombardeo de incesantes comentarios que promocionan sitios que a mí me la traen floja y al 99,9% de visitantes seguro que también.
El spam jode cuando es un bot de una empresilla de mierda el que lo practica. Pero personalmente, encuentro igual de desagradable el que hace un bloguero o forero de mierda. El que ponga en estrambotica.com un comentario con el único objetivo de hacerse autobombo, sin que tenga que ver con el tema de la entrada, sin responder a otra persona que comente, sólo con el afán de captar visitantes, verá que su comentario vuelve a la mierda de donde procede en cuanto yo me conecte.
Aviso.
Hombre, es que esto no puede ser. Yo llego al trabajo dispuesta a verme el telediario del sábado y entresacar noticias y totales, y resulta que lo que se había grabado era el festival de Eurojunior Eurovisión Junior 2006. Claro, se despierta el gay que llevo dentro de mí y se me combina con la niña interior, y no puede ser.
Sorprendentemente, me gusta mucho la canción ganadora, Vesna, de las Tolmachevy. Es fresca, original y retro a la vez (hasta la puesta en escena de ese par de repollos con lazo -- literalmente).
Y por una vez, tampoco me desagradaba la canción de Dani, aunque claro, es fácil que una canción que musicalmente se parece a El universo sobre mí de Amaral no disguste a nadie. Eso sí, el chaval andó muy desafinado (qué novedad...).
Podéis ver ambos vídeos en europodcasting. Cada vez son más los fans de Eurovisión...
Creo que el Eurojunior es mucho más simpático y vital que Eurovisión, que se ha quedado un poco anquilosado. Me aburre que muchos de los adultos canten en inglés, y las baladas suelen ser frías y cortadas por el mismo patrón.
Todo lo demás ya lo sabemos. Ambos seguirán trayendo cantantes monos que muevan la cadera, canciones que no arriesguen demasiado y de estructura muy comercial, y estará bastante cantado qué país vota a quién. Pero a su manera, eso también es parte del encanto kitsch (-dijo el gay que habita en mí). :D
Sí, yo ya había visto la mayor parte del Eurojunior en mi casa. ¿Y?
Nota: El nombre oficial del festival, hasta hoy, es Festival de Eurovisión Junior o Junior Eurovision Song Contest. "Eurojunior" es un invento hispano que en un principio se refería sólo a nuestra selección.
Alguna vez he hablado de la versión que me cantaba mi abuela de La Jardinera antes de dormir. Hoy me regodeo en ella porque es una fantasía muy agradable. Mi abuela empezaba así:
Jardinera, tú que entraste
en el jardín del amor,
de las flores que regaste
dime cuál es la mejor.
¿Qué jardinera? Ahí está la cosa. Se suponía que era una hermosa muchacha (al menos, así me la imaginaba yo) a la que alguien seguía muy embelesad@ hasta su jardín. Y la jardinera, coqueta, le iba enseñando sus flores y luego le decía:
Primero dame una mano
y después me das la otra,
y después dame un besito
con los labios de tu boca...
Y en este punto yo ya babeaba. Porque ni qué decir que en la versión de mi abuela, la protagonista era yo. Y no creo que se diese cuenta de lo contenta que me ponía.
Hay muchas versiones de esta canción popular, así que no puede decirse que ninguna sea "la auténtica". En unas la jardinera tontea (es un decir) con jovencitas y escoge entre ellas; en otras, el afortunado es un fornido marinero que levanta lanchas, y en otras una doncella vestida de marinero (lo juro).
Lo simpático es que el fondo de la canción sea precisamente lo más maleable e interpretable. Las canciones populares no se caracterizan por mantener una lógica estricta en las cosas que dicen. Esto es secundario; lo primordial es la sensación grupal que proporcionan, el juego, la tonadilla, los fonemas conocidos por todos. A menudo evolucionan a palabras que sólo se parecen a las anteriores en sus sonidos.
De ahí que en el folklore contemos con canciones un tanto desconcertantes si analizamos su letra bajo parámetros racionales. Como El patio de mi casa (que era particular porque se mojaba como los demás), Estaba la reina (a la que no sólo el rey, sino un tipo extraño llamado Gil le apagaba el candil) o La zapatilla por detrás (con judías y garbanzos que caían desde arriba; hace intuir tiempos de escasez).
Pero ni qué decir de muchas otras. Desde el clásico de las excursiones infantiles, Había un bombero, que... corría por la cama detrás de su pijama, y no sé si por pura frustración el hombre se dedicó a vender sus calzoncillos a durillos y camisetas a pesetas (¡ah, nostalgia!), hasta las atrevidas sugerencias cuasi-incestuosas de versiones de La media naranja ("se va mi amor, se va mi hermano..."), que por cierto, en un gesto que sería alabado por la corrupción urbanística de hoy, también lanzaba vivas a los ferrocarriles que van por la carretera.
De todas maneras, las canciones con palmas eran las reinas. Hoy me sorprendo ante el flipe psicotrópico de Dan Dan Dero ("dan dan dero, dan, dan, oé, oé, sí, sí, quiero, sí, sí, oé, oé..."); el extraño romance del Doctor Jano, cirujano con una paciente de su edad; el ombligo parlante de Con el ruido de... (decía "Hola, amigos"; ya era bastante con una nariz que hacía tilín tilín y unas orejas tolón tolón, ¡a que no adivináis el ruido de las tetas!); la vaca mutante que Ayer domingo se convertía en un león, en un bebé, en mi mujer, en un ciempiés; A la one, two, three con sus cientos de añadidos a cada cual más surrealista; el turbador pulpo jadeante de Respirapulpos (no busquéis esta canción por Google, yo no he encontrado nada, ¡pero juro que no me la invento!). Y, sobre todo, el brutal asesinato que cometía Don Federico, digno de juzgado de guardia ("Don Federico mató a su mujer, la hizo picadillo y la puso a cocer...").
Y dicho todo esto, os dejo con unas versiones muy interesantes de canciones populares. La primera es la interpretación que hizo Gossos de La calle 24. De niños no nos lo planteábamos, pero... es llamativo que la canción insinúe que en plena calle 24 de N.Y., que una vieja mate un gato se considere un asesinato. Gossos expande la letra de la canción y le da un estupendo trasfondo social por comparación.
Y la segunda, que se encuentra en el muy recomendable blog de Alejandro González, Campos de fresa, es una versión guitarrera de Al pasar la barca que interpreta su grupo, los Ciento Volando. A la vez, la propia canción suscita una reflexión sobre el trasfondo de la misma. Escuchadla.