Hace tiempo elaboré una lista de posibles temas de tesis y se la envié con mucho entusiasmo a la directora de mi programa de doctorado. Aparte de que todos los temas destilaban kitsch y amor por el trash cinema, sólo uno de... ¿doce?, ¿trece?, estaba directamente relacionado con la representación de la sexualidad. Era el caso del drag, el travestismo y la figura del travestido en las películas, que ahora estoy investigando para una asignatura.
Cabría pensar que, por mis intereses, tendría que haberme lanzado de lleno a estudiar el lesbianismo en las películas de internados o algo así (*). Sin embargo, cuando elaboré aquel documento, lo que me venía a la mente era la hermenéutica del cine de terror, la simbología del fantástico, de la tecnología... Creo que, hasta cierto punto, pensaba que el campo de los Gender Studies y los estudios feministas estaba 1) muy trillado y 2) poco... no sé cómo decirlo. Parecía que condicionaba tu perspectiva en cualquier análisis futuro, y yo me siento constreñida con enorme facilidad.
Creo que por eso no me apetecía decir que iba a estudiar la representación de la homosexualidad en nada. Habitualmente, estos estudios se llevan a cabo desde una perspectiva más activista que sociológica, antropológica o incluso crítica. Y yo soy una pésima activista, aunque sea del movimiento LGBT, al que me siento cercana. Será por esa tendencia mía de salir corriendo como Peer Gynt cada vez que algo intenta englobarme. Luego, claro, viene la sensación de no pertenecer a nada y de que nadie quiere que yo pertenezca: me lo gano a pulso, pero eso es otro tema.
Desde que comencé el doctorado creo que se ha activado en mí algo parecido al efecto contrario. Quizás ha sido porque he comprobado que, aunque el camino de estos estudios lleva tiempo definido, ni son tantos ni su presencia es tan imperante como yo creía. Creo que el efecto de sobredimensionación se produce por la necesidad de las entidades académicas de ser políticamente correctas --ergo, dar voz a lo que en muchos otros campos ha sido y es silenciado-- y por mi propia experiencia personal: al estar yo rodeada de libros, series, películas y fanfics acerca de estos temas, es lógico que perciba el mundo como mucho menos heteronormativo y convencional de lo que en realidad es.
Pero no se me escapan las risitas sorprendidas de algunos de mis compañeros cuando anuncié lo del tema de la travesti, ni la curiosidad de otros por mi objeto de estudio como llamativo y novedoso. Que fue de buen rollo y todos ellos, tanto los primeros como los segundos, son un encanto. Simplemente, son estos pequeños detalles los que me bajan un poco de la parra y me recuerdan que no, que éste no es un campo saturado, que queda mucho por decir y que probablemente yo pueda hacer más trabajando en estos aspectos que en terrenos donde no soy especialista.
Yo quiero ser la voz de los sin voz, pero me asusta ser una mala voz, y además, una voz que se acojona cuando la encasillan y se cabrea cuando oye hablar en términos maniqueos de un mundo al que yo considero que le falta libertad, en todos los sentidos. Me falta disciplina y sentimiento colectivo para ser una buena activista, pero tal vez pueda aportar más en el nivel individual, o sea, aquí, que rehuyendo las partes de mí sobre las que he reflexionado mucho y que también condicionan mis propios intereses.
Y aquí amplio lo de mis partes. No tengo por qué avergonzarme de que no me guste Antonioni o de pensar que Jim Jarmusch es un rollo de cineasta. Nunca seré una cinéfila de corazón ni podré abordar una historia del cine europeo desde una perspectiva rigurosa, como seguro que podrán hacer, a poco que se esfuercen, la mayoría de mis compañeros. Y serán muy buenos en lo suyo. Pero yo soy otra cosa: yo sé de travestis mucho más de lo que seguramente sepan ellos; y sé de metáforas de la sexualidad femenina, de los clásicos libros de internados, de las narrativas de series de ficción, del erotismo en internet, de las trasposiciones del cómic al videojuego y del videojuego al cine y a las manos de los fans. Y a veces, si consigo controlar mi tendencia a saltar alocadamente de un interés a otro, casi creo que puedo canalizarlo todo y decir algo interesante y útil para alguien.
Me daría con un canto en los dientes si eso ocurriese.
(*) Lamento decepcionaros: todavía no se ha configurado este subgénero, por mucho que la industria japonesa del manganime se esté esforzando.
Posted by Elenis at June 14, 2007 2:42 PM