June 5, 2007

Angst

Hace unos años aprendí que la palabra Angst, en alemán, significaba miedo. Recuerdo que me sorprendió. Porque la primera vez que yo había visto el término era refiriéndose a un tipo específico de fanfiction... o, por extensión, al contenido de un determinado tipo de historia. Tenía algo que ver con el miedo, pero en todo caso más con el significado de temor angustioso. En la fanfiction, llamamos angst a las historias que comportan un intenso sufrimiento emocional de sus personajes. Y yo lo traduciría, simplemente, como sufrimiento.

Es curioso que el angst esté tan extendido en toda la narrativa global y no haya, sin embargo, una palabra que lo defina. En Occidente tenemos dos géneros, la tragedia (clásica) y el melodrama (más reciente), que se acercan a esta idea del padecimiento de los personajes para disfrute de los lectores. Seguramente a todos os sonará la palabra catarsis: es lo que la audiencia ideal de la tragedia experimenta al contemplar a sus personajes, pobres humanos englobados en las maquinaciones del destino, y ser testigos de su inexorable y fatal fin. También estamos familiarizados con los conceptos de la empatía y la identificación, que es lo que viene presumiendo la narrativa melodramática para presentar a personajes dignos, que sufren aplastados por las circunstancias (mira, ya no es el destino, sino la casualidad) y que al final logran redimirse, bien en vida o en la muerte.

El angst, como estos dos géneros, no pone verdadero énfasis en lo que les suceda a los personajes (porque los personajes, los pobres, no suceden; les suceden). Puede que les corten una pierna, que pierdan al amor de su vida o que sean expulsados de la comunidad en la que tienen su hogar. Pero en el fondo, lo que pase ahí fuera da lo mismo, porque al angst lo que le importa es que los hechos desencadenen sufrimiento.

Además, se trata de sufrimiento, no mero dolor. Dolor es lo que sentimos (y mucho) cuando nos cortan una pierna. Sufrimiento es lo que sentimos cuando miramos el muñón, cuando recordamos el miembro perdido, cuando tratamos de caminar sobre una pierna sin saber hacerlo. Ahí, justo eso es lo que busca el angst. Y de ahí que yo prefiera distinguir entre angst y darkfic, que sí se centra en lo terrible de los hechos externos: cortar una pierna, morirse, ser rechazado y expulsado. En el angst, los acontecimientos pueden ser absurdos. Quizás una mariposa ha estropeado una composición pictórica de relevancia absolutamente discutible... pero, ¿ha generado eso sufrimiento? ¡Pues no se hable más, estupendo!

En el fondo, yo soy una gran fan del angst. La mayoría de mujeres y de adolescentes son unos consumidores voraces de angst, en la forma que sea (y las mujeres adolescentes, ya ni hablamos). Para ellos son las novelas románticas, las foto y telenovelas, los seriales, las revistas del corazón (*), los blogs personales (;)); en suma, los dramones en cualquier soporte y formato. Son todos esos productos que comportan la exaltación de los sentimientos (con reiteración y subrayado necesarios) y, por su propia naturaleza, una cierta exageración que ha sido mil veces parodiada. "María Alberta, yo soy tu madre". ¡Chanananán! Ráfaga, silencio, ráfaga, miradas sostenidas, silencio. "¿Mi madre?". "Sí, soy tu madre" (dilo otra vez, que no me he enterado). Silencio, ojos, ráfaga. ¡AY, NO ME CORTES AHORA LA ESCENA, que estaba empezando a emocionarme!

Reíd, pero hay tanto de la narrativa melodramática, del angst en general, en los productos de hoy en día y en nuestros propios comportamientos sociales, que desdeñarlo sin más es de tontos; aunque ya se sabe que hay muchos de esos en el atestosteronado mundo mediático. Yo no me dedico a indagar sobre las causas psicológicas de nuestra búsqueda del angst, pero estaría bien que alguien lo hiciera. Creo que la interpretación catártica clásica, colectiva y conservadora, debería dejar paso a modelos más sutiles que establezcan sus puntos en común con un sadomasoquismo virtual, en equilibrio entre lo social y lo individual. Y con esto no me refiero a la idea impuesta de que todos los consumidores de angst son tontos o masocas. Simplemente, es llamativo que a un creador o consumidor de angst se le puedan erizar los pelos mientras mira a su pantalla y piensa -- y su pensamiento es casi un jadeo:

-Nena (o nene), no sé por qué ni cómo; y te juro que yo no querría, pero es que es cierto: you're pretty when you cry.

La perspectiva ideológica de este tipo de géneros ha tendido a situarlos en el espectro conservador, por muchas razones; desde la clase social de su tipo de audiencia (¿recordáis que la comedia era el entretenimiento de las clases bajas?) hasta la "perpetuación" de roles y su exaltación del sufrimiento, bien como destino inexorable del ser humano, bien como cristiano purgatorio de los varapalos de este mundo. Parece que las mujeres escuchaban radionovelas para poder llorar a lágrima viva mientras pelaban patatas y así liberarse (catárticamente) de sus propias frustraciones mientras el marido se tiraba a la vecina, en vez de mandar al marido y a las patatas a hacer puñetas y atreverse a confrontar una existencia distinta. Es decir, se le echa en cara una versión plus de lo que siempre se ha criticado de la ficción: que bloquea la acción social sobre la realidad y por ende el cambio.

Aun así, no deja de ser llamativo que esta narrativa hoy tan denostada haya estado siempre tan extendida, y que haya contribuido a la unión de sectores aparentemente contrarios. Por ejemplo, he leído textos de las feministas ochenteras defendiendo el metavisionado de telenovelas como forma de hermandad. Ah, yo me equivoqué de época. Además, sabéis que yo muerdo cuando se ataca a la ficción, sea cual sea, y que me jode que me impongan modelos al respecto -- máxime cuando, por ejemplo, se pretende reemplazar el "cursi" (y femenino) melodrama por una "realista" comedia costumbrista que tiene como máximo exponente la guerra de sexos (desde una perspectiva masculina). Los mecanismos que hacen funcionar las representaciones son más complejos que los de un reloj.

Y yo debería estar en clase planeando mi trabajo sobre la figura visual del travesti en el cine. Muy bien, sí señor.

(*) ¡Paris Hilton ingresa en prisión! ¡Oh, Dios mío, qué mal lo estará pasando su pobre familia! ¡Qué desgracia! ¡Qué tragedia!

Posted by Elenis at June 5, 2007 3:00 PM
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