May 26, 2007

Homosocial

Un término muy popularizado en el terreno de los Estudios de Género (Gender Studies), pero poco conocido por aquí, es homosocialización y su adjetivo, homosocial. Como acabo de leer una tontería al respecto por parte de gente que no tiene ni idea, y estoy un poquito harta de quien invoca términos cuyo significado desconoce, quería escribir una entrada muy básica acerca del sentido y los usos de este concepto.

Homosocial tiene la misma raíz griega que homosexual (homo-, "igual"; que no del latín homo-, "hombre", "humano") y desde sus inicios está bastante conectado con este concepto. En principio, homosocial se podría referir a todos los elementos de cohesión social dentro de una misma cultura, pero en la práctica se usa para designar los lazos relacionales entre individuos del mismo sexo dentro de una cultura y en un momento histórico concreto.

La homosocialización es aquella socialización (esto es, la creación de dichos lazos) que da preferencia a las relaciones entre individuos del mismo sexo. Nuestra cultura occidental, de herencia judeocristiana, ha mantenido desde siempre una curiosa dicotomía: es homosocial a la vez que homófoba. Se espera(ba) que la socialización ocurriese de forma separada, chicos y chicas, hombres y mujeres (nada entre medias), pero la actividad sexual-reproductiva de los adultos debía llevarse a cabo exclusivamente con individuos del otro sexo. La actividad homoerótica, otro término polémico, pero que en principio designa el "eros", compendio del amor y el deseo sexual, ha estado penalizada en general, aunque en determinados modelos de organización social se ha permitido más que en otros.

La mayoría de los individuos en nuestras sociedades son heterosexuales homosociales, esto es, han sido criados mediante un modelo de masculinidad y feminidad como conceptos opuestos, han sido definidos como hombre o mujer y se han socializado, primariamente y más antes que ahora, a través de comunidades o grupos de un solo sexo que han definido su rol de género respecto al otro. A menudo ocurre que, en nuestra homosocialización, el objeto de las acciones, conversaciones, etc. es precisamente ese otro sexo, que no está presente, mientras que los individuos del mismo sexo actúan como gestores y jueces de esa identidad de género. También ocurre, como han señalado algunos académicos (como R. M. Kanter, una de las primeras en utilizar el término), que esta interacción cristaliza en una tendencia a desarrollar patrones de relación distintos que se activan ante la presencia de un sexo o de otro; por ejemplo, esto ayuda a perpetuar el vínculo homosocial en determinados ambientes como el laboral, el deportivo o el recreativo.

Por lo general, lo que se espera (a su manera, aun hoy día) de un hombre adulto es que mantenga un comportamiento homosocial y una actividad sexual-erótica heterosexual. Esto es, que sus lazos relacionales más importantes sean con otros hombres, con la salvedad de su relación con aquella mujer con quien mantiene relaciones sexuales (reproductivas). Lo que hicieran las mujeres daba un poco igual, porque se las veía como prolongaciones o propiedad de los hombres, aunque se espera un patrón bastante simétrico.

El hombre o la mujer que siente verdadera añoranza o deseo por relacionarse (incluyo todos los niveles) con individuos del otro sexo, o que prefiere este tipo de relaciones a aquéllas con las de su "propio" género, siempre ha suscitado, cuanto menos, curiosidad, aunque se le ha juzgado de manera distinta si su heterosociabilidad incluía también homosexualidad. Nótese, además, que incluso en el tiempo presente la socidad presupone --y a través de sus medios de comunicación, perpetúa-- que los gays tienen una capacidad especial de comunicación con las mujeres, etc. Homosexuales y transgénero, todo en el mismo saco, han sido parte de ese "tercer sexo" difícil de catalogar por intermedio, junto a los heterosexuales heterosociales, que a menudo encarnan o evocan el disfrute de la actividad sexual (triunfo y envidia en el caso de los hombres; puterío y su consiguiente desdén para las mujeres).

En los púberes y adolescentes (machos y hembras) se presupone un alto grado de homosociabilidad. Las formas homosociales de organización se estimulan y perpetúan. Tradicionalmente, es en estos casos donde nuestras culturas han cruzado más la línea de la permisibilidad de lo erótico y donde la homosocialización y el homoerotismo pueden estar menos claros, sin implicar que ninguno de los individuos tenga que ser homo o bisexual. Resulta gracioso que, mientras el fantasma de la inversión sexual ha sido muy fuerte en la homosocialización de los chicos, forzados a construir con más rudeza su identidad masculina de género --por oposición a lo femenino y, a la vez, sin cruzar las fronteras de lo homosexual-- y a demostrarla constantemente ante los otros, entre las chicas las cosas eran mucho más fluidas; y como el lesbianismo ni siquiera se definió como posibilidad hasta el siglo XX, el terreno de lo erótico era algo más libre. Lo que hicieran dos adolescentes daba un poco igual (máxime teniendo en cuenta que el propio concepto de sexo incluía un hombre y un pene), siempre que estuviesen preparadas para abandonar esos comportamientos y asumir sus responsabilidades familiares al llegar a la vida adulta. Claro, esto fue antes de la torpe llegada de eso llamado amistades insanas, que Enid Blyton identifica levemente como falsa amistad...

Hoy día hay algunos autores, como Eve Sedgwick, que se han dedicado a analizar estos conceptos, frecuentemente relacionando, por ejemplo, homosocialización con misoginia y patriarcado, o bien con el otro extremo de la cuerda, homofobia (asociando homosocial con algo amistoso o platónico). Nuestra cultura es capaz de identificar la homosocialización y satirizarla; hoy ya estamos saturados de libros, películas y series que se burlan, con más o menos crudeza, de los estereotipos asociados a unos u otros comportamientos de género (por ejemplo, Mulan escupiendo para pasar por hombre... un pequeño ejemplo en un mar).

Sin embargo, una cosa es señalar y otra variar o influir para el cambio hacia un verdadero modelo bisocial. Aquí es donde la teoría de género entra en conflicto con aquéllos que ven en la desigualdad sexual un modelo derivado de la predisposición genética-hormonal, o por decirlo de alguna manera, algo natural, aun cuando se vean obligados a admitir la influencia de la socialización en la construcción de la identidad (creo que negar eso, a estas alturas, es una muestra de imbecilidad). Las cosas no están del todo claras y la mayoría de personas coexistimos con ambos modelos en nuestro interior, aunque nos inclinemos hacia uno u otro.

Como podéis imaginar, tradicionalmente la progresía y el feminismo está de lado de la teoría de género y los conservadores y reaccionarios de parte de la teoría de la desigualdad natural (argumento, por cierto, que se esgrimió también para negar el derecho a decidir a las mujeres o a las personas de otras razas, ¿eh?, sólo recordando). Pero hay excepciones. A mí me parece significativo, por ejemplo, que la mayoría de homosexuales de hoy aboguen por una explicación genética de la homosexualidad --basándose en una experiencia vivencial de nuestra tendencia como algo inevitable y, a su manera, también ensalzándola como algo natural--, aun cuando la mayoría no sepa nada sobre genética ni esté demostrada la existencia de ningún gen de la sexualidad humana. También recuerdo un estudio de hace tiempo (y no precisamente de una entidad reaccionaria) que sugería que los niños y niñas fuertemente heterosociales, y que mostraban características propias del otro género (o sea, las niñas chicazo o tomboy y los niños pansy o afeminados), podría tener un origen hormonal.

Dejo enlaces para quien quiera leer más sobre el tema. Por favor, si alguna vez me hago rica y famosa, recordadme que ponga mis artículos a disposición de todos en internet. Recordadme también que si hombres y mujeres nos centramos en analizar a los hombres, seguirá habiendo un vacío en el lado femenino. Menos mal que no creo que eso ocurra, al menos mientras me siga gustando escribir sobre los (muy homosociales) internados de chicas. Gracias.

- Viejo artículo "Are you a homosocial?", que espoleó el uso de la terminología en el mundo no académico;
- Sedgwick, Eve: "Between men: English literature and male homosocial desire" (Google books) (un clásico de los 80).
- Flood, Michael: "Men, sex and mateship: how homosociality shapes men's heterosexual relations" (PDF).
- "Homofobia, temor, vergüenza y silencio en la identidad masculina", uno de los pocos artículos traducidos al español que usa el término "homosocial" que he encontrado.
- Una comunicación, esta vez original en español, que disecciona un libro de Judith Butler ("El género en disputa").

EDIT: Una última cosa que se me ha olvidado comentar es que precisamente este concepto difuso de lo homosocial es el punto de partida, la cuña narrativa ya no sólo de muchas historias slash, sino de mucha literatura gay (más que lésbica). Lo homosocial se sitúa en un punto entre lo netamente homosexual y la absoluta no-homosexualidad (más que la heterosexualidad), y las relaciones de amistades, odios, compañerismo, etc. entre hombres pasan al primer plano. Es entonces cuando, a menudo, lo que es homosocial en las series, libros o películas se hace homoerótico en los fanfics. Cabría analizar las razones por las que la literatura lésbica occidental ha querido distanciarse del patrón homosocial, con el que siempre ha mantenido una relación menos tensa que los chicos, pero eso ya da para otra entrada.

Posted by Elenis at May 26, 2007 6:34 PM
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