May 19, 2007

Sobre El pozo de la soledad

- George (Enid Blyton, Los Cinco, 1930s-60s): Hola, me llamo George/Jorge, aunque soy una chica. Ser una niña es terrible, quiero ser un chico. Odio los vestidos, a mí me gusta llevar pantalones y montar a caballo a horcajadas; hago todo lo que hacen los chicos, e igual de bien, sorpresa sorpresa. Me gusta la naturaleza, soy introvertida, obstinada e impulsiva y a veces tengo arranques de ira. A quienes quiero, les quiero para siempre. No tengo edad para amores ni nada similar, aunque se ha especulado y bromeado bastante sobre qué pasaría conmigo de mayor. Tengo un perro guapísimo llamado Tim, al que adoro.

- Stephen (Radclyffe Hall, El pozo de la soledad, 1928): Hola, me llamo Stephen/Esteban, aunque soy una chica. Ser una niña es terrible, quiero ser un chico. Odio los vestidos, a mí me gusta llevar pantalones y montar a caballo a horcajadas; hago todo lo que hacen los chicos, e igual de bien, sorpresa sorpresa. Me gusta la naturaleza, soy introvertida, obstinada e impulsiva y a veces tengo arranques de ira. A quienes quiero, les quiero para siempre. Básicamente soy una invertida y juro por Dios que es genético, aunque desde una perspectiva contemporánea no se sabe muy bien si soy lesbiana o transexual. Tengo un poni guapísimo al que adoro.

No, no creo que Blyton leyese esta novela, teniendo además en cuenta que estaba prohibida, aunque nunca se sabe. Siempre la había podido traer bajo el brazo su "amiga" Dorothy Parker. Más bien creo que recurrió al estereotipo, aunque ella dice que se inspiró en sí misma (también lo dijo con Darrell de Malory Towers y yo no veo demasiados puntos en común). La figura del pequeño marimacho, chicazo, onnabe... es universal, y es gracioso que tradicionalmente se la asocie con esa emocionalidad violenta y un cierto espíritu trágico. Bueno, gracioso a medias, que por la otra parte es un poco lamentable.

Pero las formas de abordar esa figura pueden ser muy distintas: comparad con Oscar de La rosa de Versalles (Versailles no bara), de Riyoko Ikeda. Tengo mucha curiosidad por saber cómo aborda esta mujer las lesbianas. Le llevó casi veinte años permitirse pasar de las onnabes ambiguas y cautivadoras a eso; espero que el paso valiera la pena.

Por cierto, aunque El pozo es un dramón de mucho cuidado, yo no hago más que reírme al leerlo. Quizás sea en defensa propia, porque parece que es el libro que lleva tocando los miedos y anhelos más íntimos a un buen puñado de mujeres desde los años veinte; y por mucho que algunos pasajes me evoquen la sonrisa, yo no soy una excepción. Hoy en el Parc de la Ciutadella unos cuantos franceses se me han quedado mirando. Siempre puedo decir que me reía de los patitos recién nacidos en el estanque, que son taaaaan monos.

Posted by Elenis at May 19, 2007 7:52 PM
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