May 2, 2007

El pequeño vampiro y la noche del terror

A veces tengo la impresión de que debería dejar estar mis mitos de infancia. Más que nada porque nunca van a dejar de serlo, pero si sigo hurgando en ellos a mi edad, se me deslucen un poco. Es lo que me pasa con El pequeño vampiro. Decidme que no soy la única que piensa que estos últimos libros (... baila que te mueres, y su noche de cumpleaños, y la noche del terror) son, dicho delicadamente, un truñito.

Una de las cosas que más me exaspera es la aplicación de esa máxima sitcomera de que al final todo tiene que volver a su orden preestablecido y nunca moverse del sitio. Por Drácula y todos los gusanos de la cripta Schlotterstein, hay cosas que pueden funcionar durante diez libros o diez años, pero cuando son ya diecinueve (libros y aún más años), hace tiempo que vienen arrastrando moho. Los niños de hoy ya no están educados en una narrativa tan inmovilista: ¡han crecido con Harry Potter, que ha crecido a su vez con ellos! Haz avanzar las cosas. Cárgate a algún Schlotterstein y no a una tía vampira de Suabia que nos importa un bledo. Saca a los vampiros a la luz (nunca mejor dicho), que se supone que están en Hamburgo y algún escándalo debería haber en los periódicos.

Y lo siento, pero lo de Anton y Anna ya cansa mucho. Soy la primera que ha sufrido con esa relación como si fuera una telenovela y la considero una de las más bonitas que nos ha dado la literatura (infantil y a secas), pero no se puede mantener siempre la misma tensión sin resolver El Problema; hola, ella es vampira, él es humano, él crece, ella no, ella bebe sangre, él bebe zumo de manzana, él sale de día y ella de noche. Perversamente, yo habría deseado un final como en el musical noruego, en el que Anna convierte a Anton en su compañero murciélago. Pero aunque durante un breve tiempo pensé que era eso hacia donde se estaba orientando la acción, este último libro me ha confirmado que no eran más que palos de ciego y que el mozo sigue sin estar predispuesto en los libros, aunque tiene tanto a Rüdiger como a Anna lampando por que de una vez vea la luz (no pun intended).

Creo que lo más gracioso de este último título es que se ve, una vez más, lo terriblemente gays que son Lumpi y Schnuppermaul. Si alguna vez la autora le da una novia a Lumpi o algo así, me voy a quedar descolocada. Es que mirad:

(p.118, El pequeño vampiro y la noche del terror)
-De momento estoy algo confuso -respondió Schnuppermaul-. Tiene que ser por la terrible desilusión que he sufrido.
-¿Te refieres al hecho de que los vampiros nos hayan colgado aquí junto a las jirafas?
-También. Pero sobre todo a la desilusión que me ha producido mi joven amigo. ¡Me ha partido el corazón!
-Amigo... -Geiermeier resolló nervioso-. Un amigo encantador... que quería morderte en el cuello. ¡Sin nuestros ajos, serías ahora uno de ellos!
-Ya lo sé, Heinrich -Schuppermaul sollozó-. Pero el joven señor de Schlotterstein había ganado toda mi confianza.
(...)
-¿Es que tienes que dejarte morder para notar si uno es un vampiro o no? -silbó Geiermeier.
-Pero en realidad no fue un auténtico mordisco -aseguró Schnuppermaul-. El señor de Schlotterstein quería morderme, pero sólo ha rozado mi piel levemente con sus dientes.

También la repetición de patrones puede ser divertida. Ya sabemos que todas las chicas humanas se enamoran de Anton. Es muy enamorable, el chiquillo. Lamento, sin embargo, que la autora lo haya infantilizado un poco y que no haya lugar para esos dobles entendidos y ese subtexto picarón del que ha hecho gala en otros títulos. Vamos, me quedaba yo aturdida cuando tenía diez años; y ni qué decir cuando leí Hanna, el pequeño ángel, y vi que había bromas explícitas de pollas... Pero da lo mismo; ya sé que cuando sale una niña de la edad de Anton se tiene que encandilar por Anton, y me gusta que sea así, aunque sea por ver a Anna celosa (¡esta vez se me ha escatimado esa parte!).

Una última cosa: lo de la globalización y los cambios en el mercado laboral está empezando a hacer verdadero daño. Las cosas se traducen bien y no pay por palabra y a la carrera. Es "Rüdiger" y no "Rüdiguer" en algunas frases, y de toda la vida se viene diciendo "von Schlotterstein" y no "de Schlotterstein". Claro que entonces también debería recordarle a la autora que el padre de Anton no se llamaba Robert, que Schnuppermaul llama a Geiermeier Hans-Heinrich y no sólo Heinrich, que sus vampiros no se asustan de las cruces y demás... No se puede ser tan friki.

(p. 82)
Vio cómo Rüdiger le hacía señas desde los arbustos para que fuera tras él. Por un momento, tuvo la sensación de estar entre dos mundos: el mundo de los vampiros y el mundo de los humanos, como un paria que no pertenecía a ningún sitio.
Qué fanfic sale de aquí, Dios mío, qué fanfic...

Posted by Elenis at May 2, 2007 7:50 PM
Comments

pos si no te gusta no lo leas pero no fastidies a los demas
k no se a k a venido eso d k lumpi es gay

Posted by: von_schlotterstein at June 20, 2008 11:00 AM

pos si no te gusta no lo leas pero no fastidies a los demas
k no se a k a venido eso d k lumpi es gay

Posted by: von_schlotterstein at June 20, 2008 11:00 AM
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