Creo que uno de los hábitos que pusimos de moda los fanfiqueros que abogábamos por una mejora de la (inabarcable) cantidad de relatos malos que circulan por Internet (¡huy, he dicho malos! Pues sí; malos, malos con vicio, con saña, malos de asustarse y apagar el ordenador) fue el prestar una atención exagerada a las faltas de ortografía y la mala redacción.
Tiene sentido. Si alguna vez habéis buscado algún tipo de literatura online, la que sea, os habréis dado cuenta de la baja calidad literaria de muchos "escritores". Consejo personal: cuanto más "escritor" (o escritora, o artista) se llame uno, desconfía más. En el caso de los fanfics, es que las patadas al diccionario y los errores ortográficos campan a sus anchas por terrenos vastísimos. Yo e vist inklus ffícts eeskritos kn lnguaj asi jejeej...... y encima por capítulos.
Hoy día, sin embargo, creo que ese énfasis es excesivo. Y no es que cada vez se escriba mejor, al contrario; señores guionistas de donde trabajo meten cada falta de ortografía que me dejan doblada. Lo que pasa es que poner tanto afán en un solo punto, y convertirnos, como les (¿nos?) pasó a muchas fanfiqueras, en talibanas de la lengua y la traducción, tiene su contrapartida.
El problema fundamental es que la ortografía, en realidad, no es más que una gota de agua en el mar. El fanfic, si es que puede considerarse un género literario en sí, es mucho más que un texto sin fallos ortográficos. Es un relato. Por tanto, lo esencial es --debería ser, y reduciéndolo a su esqueleto-- contar una buena historia de una manera adecuada.
Embutiéndonos en el traje de defensoras del idioma (encima, de los dos idiomas, ya que muchas teníamos además la capacidad de entender inglés), y señalando con un dedo acusador cada fallo, cada palabra mal empleada, perdíamos la capacidad de ver el conjunto. Lo cierto es que muchas historias bastante mediocres en su redacción, por no decir directamente deficientes, aglutinaban un número importante de lectores que esperaban ansiosos su continuación. Bueno, sí, podían ser niñas de trece años que no habían leído en su vida más que Harry Potter, si es que se lo habían leído y no habían visto las películas, pero da igual. Esas historias cumplían su finalidad, que era la de despertar sentimientos en sus lectores.
Las reglas en la fanfiction son un poco distintas que, incluso, en otras muestras de literatura popular. Actualmente creo que existe una gran pasión --presión-- por la ortografía, lo que deja en un nivel social todavía inferior a quienes no la dominan, y eleva a los altares a quienes se erigen en sus defensores. Y luego está todo el asunto del in-character y el desprecio a las Mary Sue. Hemos logrado crear un clima global de rechazo hacia estos fenómenos, sin duda tan extendidos como molestos. Hoy están en la cabeza de muchas de las escritoras que empiezan como cosas que hay que evitar.
Pero hemos observado el mundo de la fanfiction desde una mentalidad científica y racionalista. Hemos sido fríos con un tema que, sinceramente, si estamos aquí es por las emociones que nos han movido a ello. Y en ocasiones, hasta hemos juzgado con dureza delitos que nosotros hemos cometido.
¡Cuántas veces no he visto, a una persona que dice odiar a esos personajes perfectos que son las Mary Sues, crear personajes con los que obviamente se identifica y que terminan haciendo girar todo ese universo en torno a ellas y sus dramas! ¡Cuántas veces le ha pasado a una talibán del idioma que ha metido un gambazo, una construcción mal hecha o un anglicismo en una historia aparentemente impecable desde el punto de vista estético! Y en cuanto al in-character, ¿acaso no nos hemos enredado --o mejor aún, hecho la vista gorda-- en discusiones sobre las cosas más nimias sobre un personaje favorito, cuando ambas eran posibles, dependiendo del punto de vista desde el que se mirasen?
Utilizar lupas y microscopios nos hace perder la visión de conjunto, y desde luego, desdeñar el contexto en el que se produce este tipo de comunicación, algo necesario para cualquier análisis del hecho. Es lo que me ha ocurrido a mí. Hubo un tiempo --sigo en su última etapa-- en el que estuve francamente preocupada con mi redacción. Medir tanto las palabras me hizo perder espontaneidad y aumentó mi frustración, porque todo lo que escribía sonaba engolado, lleno de cicatrices, como un Frankenstein cuyos pedazos están bien, pero no terminan de encajar. Y gente que escribía más mal que bien movía sin embargo a sus lectores. Sí, en parte porque producían más que yo, lo cual es fácil. ¿Y? Mientras yo estaba pegándole tajos a un párrafo, esta gente escribía veinte y los publicaba con ilusión.
Hemos perdido el norte. Imagino que mientras escribo esto, y teniendo en cuenta lo desconectada de este mundo que estoy hoy, muchos lo habrán recuperado; es al menos la impresión que tengo. Pero debíamos haber sabido que, en un terreno tan emocional, los juicios sobre la calidad literaria sólo son parcialmente relevantes. Mucha gente no quiere calidad literaria. Quiere leer, una y cien veces, cómo se lían Sam y Frodo, y la historia que mejor toque las teclas que conforman la sinfonía que esa persona guarda en su interior --la Sinfonía Perfecta de Sam y Frodo-- más le gustará. No quiere originalidad. Puede que ni siquiera quiera realismo. A lo mejor tiene una forma más sofisticada de sentir y busca una historia que regule sus emociones de forma más sofisticada, a lo mejor no. En cualquier caso, lo que está claro es que cuando leemos interpretamos un texto (conjunto) en un contexto, no miramos una palabra precedida de dos espacios como tontos. Para nosotros es un todo que nos dejará mejor o peor sabor de boca según las expectativas que tengamos.
La mayoría de los fanfics no son literariamente buenos, ni originales, porque la mayoría de sus lectores no busca ninguna de esas cosas cuando va a leerlos. Así es y así va a ser; es hora de que lo asumamos. Muchas corrientes fanfiqueras crean --comparten-- una versión relativamente out-of-character de un personaje. Y así lo van a mantener, porque así lo quieren. Les gusta su interpretación. Todos hacemos interpretaciones, si bien más o menos extremas. A mí me gusta más la Faith de muchos fanfics que la Faith de la tele. En cualquier caso, todos interpretamos cuando escribimos.
Debemos dejar atrás la vista de mosquito, aunque sea sólo para montarnos un poco en un pájaro (que es gratis, no me seáis) y observar desde arriba. Así también podremos explicarnos por qué suceden las cosas que suceden, nos gusten o no. Luego, por supuesto, tenemos la libertad de escribir como nos dé la gana. Pero quizás seamos un poco menos estúpidos a la hora de predicar a un público que, sinceramente, le pasa como a muchos estudiantes con su profesor: no es que estén en desacuerdo, es que se encuentran en una órbita tan distinta que parece que no hablan ni el mismo idioma.
Posted by Elenis at March 22, 2007 1:33 PM