Puede ser la más valiente mujer iraquí en toda la historia. Todo el mundo sabe que las fuerzas americanas y las fuerzas de seguridad iraquíes están violando mujeres (y hombres), pero ella es posiblemente la primera mujer que sale a la luz pública y lo comenta utilizando su verdadero nombre. Oírle contar su relato hace que mi corazón me duela físicamente. Algunos la llamarán mentirosa, otros (incluyendo los iraquíes pro-guerra) la llamarán prostituta – dais vergüenza por anticipado.--Del blog de Riverbend (traducido por Bagdad en Llamas)
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"[Llorando] Agarró una manguera negra, como una tubería. Me golpeó en el muslo [llorando], le dije, ‘¿Que quiere de mí? ¿Quiere que le diga que me viole? No puedo… yo no soy una de esas ***** [prostitutas] Yo no hago esas cosas.’ Entonces me dijo, ‘nosotros tomamos lo que queremos y lo que no queremos lo matamos. Esto es todo.’ [Sollozando] No puedo más… por favor. No puedo acabar.”
Me ha sorprendido mucho ver una noticia en el telediario de La Primera sobre los blogueros iraquíes. Habitualmente, la tele sólo se preocupa de lo que pasa en la red cuando se arresta a una banda de pedófilos, un estudio dice que los niños muestran problemas de adicción, un videojuego especialmente violento se hace popular o o cuatro chavales hacen como que roban el escaño de Zapatero. En este caso habían incluido esta parte dentro del reportaje de los cuatro años de guerra en Irak.
Llevo desde que empecé en este trabajo transmitiendo noticia tras noticia de atentados en Irak. Es como una sección fija de los documentos que redacto: "ahora, con todos ustedes, los desastres de Irak". Coche bomba en Irak, encontrados degollados y torturados nosecuántos, pepinazo en mercado de Bagdad, etcétera, etcétera. Últimamente hay también como una mini-sección ocasional de Afganistán.
Nuestra forma de informar acerca del mundo es deplorable. Vivimos pegados a la actualidad, pero la actualidad es volátil y caprichosa. Fuera de nuestras fronteras, sólo cuando algo es visualmente llamativo o "polémico" llega a nuestros ojos y oídos, y casi siempre tarde, como la barbaridad de ley homófoba que, ¡cielos, ahora nos damos cuenta!, tienen casi terminada en Polonia. Y aún más allá, la información apenas llega. Sólo cuando hay una explosión en una mina rusa, un atentado de Al Qaeda en Marruecos (¡mamá, miedo!) o una catástrofe natural de la envergadura del tsunami en Indonesia, nos llegan ecos y decimos: ¡vaya, qué mal están por ahí fuera, pobrecitos!
En cuanto a la información sobre los distintos conflictos bélicos (es una forma educada de decir guerras) en el mundo, cuando EE.UU. y amigos de la OTAN atacaron por primera vez Afganistán, y después (sin el aval de estos amigos) Irak, me di cuenta de que lo que nosotros sabíamos de las guerras era nada. Petardos en el cielo nocturno, como las fallas de Valencia. Mapas con flechas. Políticos haciendo declaraciones en el vacío. De vez en cuando, algún cuerpo por ahí tirado y una panda de musulmanes chillando. Pero nada, nada sobre lo que ocurre en la calle. Son como guerras de coña, pirotecnia y maniquíes con colorante. ¿Quién tiene la culpa, y cómo se cambian esas representaciones?
Por otra parte, es muy divertida --humor negro-- la esquizofrenia occidental respecto a los combatientes. Cuando se trata de niños soldado, nos llevamos las manos a la cabeza y los medios lo tratan como una aberración, un horror, chavales y chavalas que son obligados por las condiciones, drogados, sometidos a lavados de cerebro, que cometen todo tipo de aberraciones, que torturan, que violan y son violados, el mundo tendría que sentirse avergonzado por permitir esas cosas. Los niños no pueden convertirse en asesinos, decimos. Cuando se trata de soldados grandecitos, la perspectiva cambia. A lo mejor, si son soldados iraquíes o mejor, insurgentes, nos podemos permitir ponerlos de monstruos y salvajes. Pero los militares occidentales son distintos. Ya no son asesinos, sino gente valiente, servidores de la patria, que realizan funciones humanitarias; señores a los que jamás vemos empuñar un arma ni, desde luego, cargarse a nadie o perpetrar todo ese tipo de cosas que, por desgracia, están mucho más cerca de realizar quienes se encuentran en mitad de una barbarie y tienen los medios --y la legitimidad legal-- para emplear la violencia.
Si lo decís un poco más alto, todavía me creeré que los soldados ya no van a la guerra, sino a la paz. Después de que las empresas más contaminantes del mundo se presenten como ecológicas y muchos gobiernos como garantes de la justicia y la seguridad y artífices del desarme, no me extrañaría nada. A veces tengo la sensación de que el mundo se ha dado la vuelta y yo estoy como Alicia, perpleja tras salir al otro lado del espejo.
Posted by Elenis at March 21, 2007 1:08 PM