December 2, 2006

Canciones reinventadas

Alguna vez he hablado de la versión que me cantaba mi abuela de La Jardinera antes de dormir. Hoy me regodeo en ella porque es una fantasía muy agradable. Mi abuela empezaba así:

Jardinera, tú que entraste
en el jardín del amor,
de las flores que regaste
dime cuál es la mejor.

¿Qué jardinera? Ahí está la cosa. Se suponía que era una hermosa muchacha (al menos, así me la imaginaba yo) a la que alguien seguía muy embelesad@ hasta su jardín. Y la jardinera, coqueta, le iba enseñando sus flores y luego le decía:

Primero dame una mano
y después me das la otra,
y después dame un besito
con los labios de tu boca...

Y en este punto yo ya babeaba. Porque ni qué decir que en la versión de mi abuela, la protagonista era yo. Y no creo que se diese cuenta de lo contenta que me ponía.

Hay muchas versiones de esta canción popular, así que no puede decirse que ninguna sea "la auténtica". En unas la jardinera tontea (es un decir) con jovencitas y escoge entre ellas; en otras, el afortunado es un fornido marinero que levanta lanchas, y en otras una doncella vestida de marinero (lo juro).

Lo simpático es que el fondo de la canción sea precisamente lo más maleable e interpretable. Las canciones populares no se caracterizan por mantener una lógica estricta en las cosas que dicen. Esto es secundario; lo primordial es la sensación grupal que proporcionan, el juego, la tonadilla, los fonemas conocidos por todos. A menudo evolucionan a palabras que sólo se parecen a las anteriores en sus sonidos.

De ahí que en el folklore contemos con canciones un tanto desconcertantes si analizamos su letra bajo parámetros racionales. Como El patio de mi casa (que era particular porque se mojaba como los demás), Estaba la reina (a la que no sólo el rey, sino un tipo extraño llamado Gil le apagaba el candil) o La zapatilla por detrás (con judías y garbanzos que caían desde arriba; hace intuir tiempos de escasez).

Pero ni qué decir de muchas otras. Desde el clásico de las excursiones infantiles, Había un bombero, que... corría por la cama detrás de su pijama, y no sé si por pura frustración el hombre se dedicó a vender sus calzoncillos a durillos y camisetas a pesetas (¡ah, nostalgia!), hasta las atrevidas sugerencias cuasi-incestuosas de versiones de La media naranja ("se va mi amor, se va mi hermano..."), que por cierto, en un gesto que sería alabado por la corrupción urbanística de hoy, también lanzaba vivas a los ferrocarriles que van por la carretera.

De todas maneras, las canciones con palmas eran las reinas. Hoy me sorprendo ante el flipe psicotrópico de Dan Dan Dero ("dan dan dero, dan, dan, oé, oé, sí, sí, quiero, sí, sí, oé, oé..."); el extraño romance del Doctor Jano, cirujano con una paciente de su edad; el ombligo parlante de Con el ruido de... (decía "Hola, amigos"; ya era bastante con una nariz que hacía tilín tilín y unas orejas tolón tolón, ¡a que no adivináis el ruido de las tetas!); la vaca mutante que Ayer domingo se convertía en un león, en un bebé, en mi mujer, en un ciempiés; A la one, two, three con sus cientos de añadidos a cada cual más surrealista; el turbador pulpo jadeante de Respirapulpos (no busquéis esta canción por Google, yo no he encontrado nada, ¡pero juro que no me la invento!). Y, sobre todo, el brutal asesinato que cometía Don Federico, digno de juzgado de guardia ("Don Federico mató a su mujer, la hizo picadillo y la puso a cocer...").

Y dicho todo esto, os dejo con unas versiones muy interesantes de canciones populares. La primera es la interpretación que hizo Gossos de La calle 24. De niños no nos lo planteábamos, pero... es llamativo que la canción insinúe que en plena calle 24 de N.Y., que una vieja mate un gato se considere un asesinato. Gossos expande la letra de la canción y le da un estupendo trasfondo social por comparación.

Y la segunda, que se encuentra en el muy recomendable blog de Alejandro González, Campos de fresa, es una versión guitarrera de Al pasar la barca que interpreta su grupo, los Ciento Volando. A la vez, la propia canción suscita una reflexión sobre el trasfondo de la misma. Escuchadla.

Posted by Elenis at December 2, 2006 11:05 PM | TrackBack
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