Lucía Etxebarría, una de las pocas escritoras que se habían apuntado a la blogosfera, ha decidido cerrar su blog y no volverse a pasar por su web debido al acoso continuo de un troll que había logrado averiguar dónde vivía.
Salvando distancias y reacciones, los sentimientos de Lucía me recuerdan un poco a algunos que yo pude tener hace tiempo con este blog (o con su predecesor) e imagino que bastantes personas también se sentirán identificadas.
Si tienes un blog personal, es probable que al principio te pases un poco, llevada por el enamoramiento. Cuentas cosas que no contarías a desconocidos y tampoco a todos tus conocidos. Estar detrás de la pantalla produce una sensación de anonimato y de liberación muy grande. No eres exactamente lo mismo cuando eres (inserta tu nombre aquí) que cuando eres Elenis/inserta_nick_aquí. Como personalidad creada, tu_nick_aquí se parece mucho más a lo que a ti te gustaría ser.
Pero tarde o temprano llegan las consecuencias. De pronto no es posible diferenciar de forma clara entre vida online y offline. Hay gente que te conoce en persona y que lee tu blog, bien porque se han enterado de que lo tienes y han averiguado la dirección, o porque los conociste online y pasaron a ser amigos tuyos. De pronto puede que no sea posible diferenciar entre tu actividad seria y/o profesional en la web y tus aficiones. ¿Quién va a tomar en serio a una persona sobre la que se sabe que escribe fanfics eróticos sobre colegialas inglesas?
Y puede que tengas una sensación caleidoscópica, la de estar mirando directamente a las "máscaras" que componen tu propio yo, y verte como un ente fragmentado, casi irreal, demasiado abierto en algunos ángulos e intrincado y laberíntico en otros, vulnerable pero discontinuo.
Yo soy muy poco paranoica y las atenciones de la gente no me afectan demasiado, para bien o para mal. Pero reconozco que un troll persistente es capaz de amargar al más pintado. Y en ocasiones las fronteras no están claras. Un lector plasta, un ex novio, un padre curioso, un jefe... pueden ser presencias molestas en un blog en el que, por el afán de ser transparente, ya has revelado demasiado. ¿Quién no se ha sentido acosado alguna vez por alguien en internet?
Y así, lo que pretendía desnudez se torna opaco, y de pronto escribir en el blog puede ser una tarea farragosa de huida entre los cristales del caleidoscopio. Hay quien sufre "el peso de la fama" y decide cerrar la página porque está escribiendo "para los demás" y no para sí mismo. Hay quien no soporta el escrutinio de determinados lectores y simplemente desaparece. Hay quien se enzarza en guerrillas sin fin con otras personalidades de la web. Las personas más hipocondríacas, que sienten con más violencia el odio de sus críticos y trolls, pueden pasarlo mal.
Pero lo que de verdad subyace en muchas de estas crisis es el síndrome del caleidoscopio, que es más que nada un problema filosófico. ¿Quién soy yo? ¿Qué debo mostrar de mí y a quién? ¿Soy lo que me dicen, si no han tenido acceso a otros aspectos de mí? ¿Soy lo que me critican?
Y tanta esquizofrenia cristalina sobrepasa a los blogueros, que dejan de escribir y, o bien desconectan por completo, o tratan de emigrar a una tierra donde puedan empezar de nuevo (con otra gente, otro apodo). En palabras de Lucía:
"He abierto mi puerta a muchos desconocidos, cosa que quizá no debería haber hecho. No es que imagine, por supuesto, que voy a ser el blanco de un atentado al estilo Jodie Foster, pero a nadie le gusta saberse el objetivo de un odio tan visceral por parte de alguien que se refugia en el anonimato. Le hace, lógicamente, sentirse vulnerable."
Muchos analistas de redes sociales o blogs se olvidan, en su idealismo tecnófilo, de las implicaciones psicológicas y sociológicas del medio. No somos lo que decimos ser, ni lo que queremos ser, ni lo que mostramos que somos, ni lo que otros interpretan que somos; pero cuando a esto se le superponen cuatro dimensiones más procedentes del mundo web, el lío es considerable y el "efecto caleidoscopio" muy común en los usuarios. Lo que es una lástima es que no nos comportemos de forma civilizada y a esta perplejidad natural le sumemos amenazas, acosos y obsesiones de todo tipo en el ciberespacio, simplemente para darnos el gustazo de expresar sentimientos que cara a cara nos estarían vetados.
Actualización: El idealismo al que me refiero tiene más que ver con la fe en la inteligencia colectiva que en la tecnología, así que retiro el adjetivo.
Posted by Elenis at November 24, 2006 2:11 PMStop! Try to read this interested book:,
Posted by: Bakerklok at May 5, 2008 6:22 PMStop! Try to read this interested book:,
Posted by: Bakerklok at May 5, 2008 6:23 PMStop! Try to read this interested book:,
Posted by: Bakerklok at May 5, 2008 6:24 PMStop! Try to read this interested book:,
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Posted by: Vulchak at May 7, 2008 11:41 PMIt's so interesting:,
Posted by: Sindrug at May 7, 2008 11:42 PMIt's so interesting:,
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Posted by: Sindrug at May 7, 2008 11:43 PMStop! Try to read this interested book:,
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Posted by: Ioqwvnuj at June 25, 2008 4:16 AMStop! Try to read this interested book:,
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Posted by: Ioqwvnuj at June 25, 2008 4:17 AMStop! Try to read this interested book:,
Posted by: Ioqwvnuj at June 25, 2008 4:17 AM