October 22, 2006

Defensa del e-mail

Hubo un tiempo en el que escribir cartas era la forma de comunicación habitual. Recibir una carta era importante. Significaba tener noticias de alguien que te apreciaba lo suficiente como para sentarse a escribirte unas líneas, meterlas en un sobre, escribir tu dirección, pegar un sello y llevar la carta al correo.

Hoy día, las cosas han cambiado. Mi impresión, comparando la concepción del tiempo que parecen tener mis abuelos (de carta y teléfono) y la de mi hermana pequeña (acérrima del messenger), es que todo se ha acelerado. Ya no hay que esperar una semana para obtener respuesta de ese amigo que vive en otra ciudad. Pero precisamente por eso, puede que su respuesta no tenga tanta importancia como antes.

En 1998 y 1999, nos comunicábamos básicamente por correo electrónico y por chat, los que éramos aficionados a eso. Yo recibía noticias de mis amigos en la red gracias al e-mail. Me hacía ilusión. "¿Habrá respondido ya tal?", me preguntaba mientras esperaba a que esa basura de módem descargase la bandeja de entrada.

Hoy día la mayoría de la Generación H (ésa es la que viene detrás de la P, que es la mía ;)) no tiene estos problemas, y está perfectamente formada en el mundo de los blogs, la mensajería instantánea y la videoconferencia. Su comunicación es mucho más fluida. Y con todo...

Con todo, me da la sensación de que estamos llegando a un nivel de rapidez e instantaneidad que me abruma. Hay veces que conozco a alguien (no diré en qué contexto perverso), le doy mi e-mail, y me pregunta automáticamente: "¿Messenger? ¿Tienes messenger?". No quiere mails, pero extrañamente, tampoco teléfono. Quiere lo rápido, lo instantáneo, pero de una forma que le siga permitiendo parapetarse frente a una comunicación demasiado intrusiva.

Me agrega. Me acosa. Oye, perdona, pero es que a lo mejor no tengo ganas de hablar contigo todas las malditas veces que me conecte. ¿Por qué la gente no usa sus "estados" de una manera coherente, y por consiguiente tampoco respeta los tuyos?

Y sin embargo, esa misma persona que ha mostrado tanto interés es capaz de no volver a establecer comunicación contigo si no la pillas online o no visitas su blog. ¡Se acabó! ¡Nunca más! A lo mejor coincidís una vez al cabo de tres semanas, y la persona se muestra verdaderamente confusa. Ya no encuentra temas de conversación. Puede que incluso ni te recuerde.

Todo esto es demasiado fugaz para mí, y me molesta porque me da la impresión de que nos hemos vuelto muy haraganes. Para comunicarnos con alguien, al margen de lo poco o mucho que esa persona nos interese, tiene que encontrarnos online. Dan igual sus hábitos de conexión. Tiene que leer nuestro blog. Da igual si a lo mejor nuestro blog no le interesa. En suma, la otra persona tiene que venir a nosotros, y no nos molestamos en mover un dedito para ir a buscarla.

Está claro que hoy día es complicado encontrar a alguien tan animoso que vaya regularmente a echar cartas al buzón, pero, ¿qué es del e-mail? Frente a todo esto, el e-mail me resulta un medio equilibrado, un remanso en una zona intermedia entre Tú y Yo.

Mi e-mail es de mí para ti, de ti para mí, y de nadie más. No siento la presión de la respuesta instantánea que puedo tener con la mensajería. No estamos sujetos a la mirada de otros, como en un blog público. Y tampoco necesito sobres, sellos, bolis y que sea día de diario en horario laboral; es lo suficientemente informal como para poder contestar cuando yo quiera y tenga conexión, con una longitud que yo elijo. En el e-mail siempre voy a estar, a menos que pase algo muy gordo.

Esto no quiere decir que la mensajería, los blogs y las comunidades virtuales no me parezcan avances extraordinarios y muy, muy útiles. Carajo, los uso. Eso sí, me permitís que me siga escandalizando cuando vea que el esemés o movilés --lengua particular de los SMS--, nacido en principio por las restricciones de caracteres, s trslad przosamnt a tods ambits d l pntaya y przosamnt knkista l mnd y x y k y tb y y y argh, LO ODIO, NO PUEDO EVITARLO!!!

Quiere decir que me gusta el e-mail y, si se me da la oportunidad, querría seguir escribiendo e-mails. Por eso me pongo tan contenta cuando encuentro a alguien que todavía conserva esa tradición. Son los deudores de las cartas, y de la pequeña emoción que se siente cuando se recibe una carta. Especialmente cuando es una carta bonita.

Actualización 23/10: Para que no se diga, me acabo de acordar de esa cara oscura del e-mail que eran las cartas en cadena. ¡Tan simple (re)enviarlas! ¡Podía recibir docenas en un día!... No sé si es que ya se me pasó la edad, que reñí tanto a mis amigos por enviármelas que no se les ocurre hacerlo ahora, o que realmente no tienen tanta gracia en otros medios (IM, SMS, etc.), pero veo muchas menos cadenas ahora que el mail anda de capa caída.

Posted by Elenis at October 22, 2006 9:11 PM
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